Después de una sesión intensa de entrenamiento, el cuerpo tiene que ponerse a trabajar para recuperarse: reparar el daño muscular, bajar la inflamación, recuperar fuerza y volver a encontrar el equilibrio. En ese proceso, el CBD empezó a llamar la atención entre deportistas como una posible herramienta para aliviar el dolor, mejorar el descanso y favorecer la recuperación.
La expectativa creció al mismo ritmo que la popularidad de aceites, cápsulas y otros productos con CBD. Pero una cosa es que el cannabidiol se haya instalado en el mundo del deporte y otra, bastante diferente, que la ciencia haya demostrado que realmente ayuda a recuperarse.
Para saber cuánto hay de evidencia y cuánto de promesa, una revisión científica reunió los estudios disponibles sobre CBD, ejercicio y recuperación. Y lo que encontró es bastante más interesante que un simple sí o no.
Una revisión científica publicada en MHSalud, de la Universidad Nacional de Costa Rica, se propuso justamente revisar qué hay detrás de esa expectativa. Los investigadores analizaron 1.761 trabajos científicos y terminaron incluyendo 70 estudios sobre CBD, ejercicio, recuperación, fatiga y rendimiento.
Y la respuesta que encontraron está bastante lejos de un simple “sí, funciona” o “no sirve para nada”.
El problema es que no todos los estudios dicen lo mismo
Los 70 trabajos incluidos en la revisión no eran equivalentes. Había estudios realizados en animales, investigaciones con personas y también revisiones anteriores.
En concreto, fueron 27 estudios preclínicos en animales, 22 estudios clínicos en humanos y 21 revisiones o meta-análisis. Entre los participantes había desde ratones y ratas hasta personas con distintas condiciones de salud y algunos grupos de deportistas.
Esta diferencia importa mucho.
Un compuesto puede producir un efecto interesante en un animal de laboratorio y, sin embargo, no generar el mismo resultado cuando se administra a una persona. Y aun dentro de los estudios en humanos, las dosis, las formas de administración y los tipos de ejercicio fueron muy diferentes.
Por eso, los resultados positivos que aparecen en algunos trabajos todavía no permiten decir que el CBD mejore la recuperación de cualquier deportista.
¿Por qué se piensa que el CBD podría ayudar?
La hipótesis no salió de la nada.
El organismo cuenta con un sistema endocannabinoide, una red de receptores y moléculas que participa en la regulación de diferentes procesos, entre ellos la inflamación, la respuesta inmunitaria y la homeostasis, es decir, el mantenimiento del equilibrio interno del organismo. El ejercicio también modifica varios de esos procesos.
A partir de ahí aparece una posibilidad interesante: si el CBD puede influir sobre algunos mecanismos relacionados con el dolor, la inflamación, el estrés oxidativo o el sueño, quizás también pueda tener algún papel durante la recuperación después de un esfuerzo físico intenso.
En estudios experimentales ya aparecieron señales en esa dirección. El CBD mostró efectos relacionados con inflamación, dolor y estrés oxidativo, además de resultados vinculados con la función muscular y la neuroprotección.
Pero hay una diferencia enorme entre tener un mecanismo biológico plausible y demostrar que una persona se recupera mejor después de entrenar. Y ahí es donde la evidencia empieza a complicarse.
Dolor muscular: algunos resultados son prometedores y otros no
Una de las razones por las que el CBD despierta interés entre quienes entrenan es el dolor que aparece después de hacer ejercicio intenso.
El conocido dolor muscular de aparición tardía, el que suele aparecer varias horas después de entrenar y puede pegar más fuerte entre las 48 y 72 horas, está relacionado con los cambios que atraviesan los músculos después del esfuerzo.
¿Puede el CBD hacerlo más llevadero? La revisión encontró resultados contradictorios.
Un estudio realizado en 2020 con 23 participantes utilizó una dosis de 16,67 mg de CBD y evaluó su posible efecto sobre el dolor muscular de aparición tardía. El trabajo aportó una señal de interés, aunque los autores remarcaron que todavía hace falta saber cómo influyen factores como la dosis, la alimentación, el sueño y el tipo de ejercicio.
Otro estudio, realizado en 2021, encontró algo bastante diferente.
Participaron 13 hombres, que recibieron 150 mg de aceite de CBD. Después de un protocolo de ejercicio excéntrico, los investigadores no encontraron evidencia de que el CBD modificara el daño muscular ni la inflamación.
Es decir: dos estudios pueden mirar prácticamente la misma pregunta y llegar a resultados diferentes. Y eso es justamente lo que impide sacar una conclusión definitiva.
Un pequeño estudio encontró señales de mejor recuperación
Entre los resultados que más llaman la atención aparece un ensayo publicado en 2021.
En este caso participaron 21 personas, que recibieron 60 mg de CBD disueltos en 250 mililitros de agua después de realizar ejercicio de fuerza. Otro grupo recibió un placebo.
Después de 72 horas aparecieron pequeños efectos significativos relacionados con el daño muscular y la recuperación en quienes habían recibido CBD.
¿Significa que el CBD regenera los músculos? No tan rápido.
El estudio fue pequeño y la propia revisión considera que hacen falta más investigaciones antes de afirmar que el cannabidiol tenga un efecto regenerativo. Es una señal interesante, pero todavía es eso: una señal.
También hubo un estudio en el que no pasó nada
Para entender por qué la evidencia sigue siendo incierta alcanza con mirar otro de los trabajos incluidos.
En ese estudio participaron 27 mujeres de entre 18 y 26 años. Recibieron CBD aislado en una dosis de 5 mg por kilo de peso, administrada en tres momentos alrededor de un protocolo de ejercicio excéntrico.
El resultado fue negativo: el CBD no modificó la inflamación, el daño muscular ni la fatiga subjetiva.
Los investigadores plantearon que futuras investigaciones deberían analizar otras formulaciones y también si otros componentes presentes en la planta de cannabis podrían tener algún papel.
Por ahora, entonces, no hay base suficiente para presentar al CBD como un antiinflamatorio deportivo comprobado.
Dormir también es recuperarse
Hay otro aspecto en el que el CBD resulta especialmente atractivo para quienes entrenan: el sueño.
La recuperación no ocurre solamente en los músculos. Dormir mal puede complicar la recuperación y, a la vez, el dolor producido por el entrenamiento o una lesión puede dificultar el descanso.
CBD y sueño es, por eso, una combinación que viene siendo estudiada.
Uno de los trabajos incluidos en la revisión analizó a 65 hombres y mujeres que recibieron 60 mg de CBD y encontró mejoras en algunas medidas relacionadas con el sueño, la respuesta al estrés y la vitalidad percibida.
Pero otra vez aparece el otro lado de la evidencia.
En otro estudio, realizado con 27 personas que recibieron 300 mg de CBD, no se observaron interferencias con el ciclo sueño-vigilia.
La revisión señala que todavía es limitada la evidencia disponible para saber con precisión qué efecto tiene el CBD sobre la sedación en humanos. Algunos estudios sugieren efectos sedantes con dosis de entre 300 y 400 mg, pero todavía hacen falta investigaciones que confirmen esos resultados.
¿Y para rendir más?
Acá la evidencia es todavía más difícil de vender como una promesa.
Uno de los estudios incluidos evaluó a apenas nueve hombres entrenados. Recibieron 300 mg de CBD o placebo una hora y media antes de realizar ejercicio aeróbico. El grupo que recibió CBD mostró aumentos en el VO₂, en las puntuaciones de placer y en el lactato sanguíneo. Suena interesante, pero nueve personas son muy pocas para sacar una conclusión general sobre el rendimiento deportivo.
Además, otra revisión incluida en el trabajo analizó el consumo crónico de cannabis y el rendimiento atlético y no encontró un efecto significativo sobre el rendimiento deportivo. La única medida fisiológica que mostró una diferencia fue la frecuencia cardíaca en reposo.
Por eso, el CBD tampoco puede considerarse hoy un suplemento ergogénico probado.
El gran problema: mucho de lo que sabemos viene de animales
Hay una cuestión que suele perderse cuando se habla de estudios sobre cannabis y deporte: no toda la evidencia científica tiene el mismo peso.
Una parte importante de los resultados positivos incluidos en esta revisión proviene de investigaciones realizadas en ratones y ratas.
Por ejemplo, un estudio en ratones con distrofias musculares encontró mejoras estructurales y funcionales en el músculo después de dos semanas de tratamiento con CBD.
Es un dato interesante para la investigación. Pero no significa que una persona con daño muscular vaya a obtener el mismo resultado tomando CBD. Los estudios en animales sirven para detectar mecanismos y formular hipótesis que después deben comprobarse en humanos. Y cuando la pregunta es específicamente la recuperación deportiva, todavía hay pocos estudios.
De hecho, los autores estiman que apenas el 6% de los estudios con evidencia clínica seleccionados exploraron la recuperación muscular en atletas. Ahí está uno de los principales agujeros de conocimiento.
Tampoco sabemos cuál sería la dosis adecuada
Hay otro problema bastante concreto: en los estudios analizados se utilizaron dosis muy diferentes.
Aparecieron cantidades de CBD que iban desde 5 hasta 600 mg, administradas por distintas vías.
Las dosis de 20 a 30 mg fueron las más frecuentes, con el 43% de los casos. Las de 5 a 10 mg representaron el 21%, mientras que las de 300 a 600 mg representaron el 36%. Con semejante diferencia, resulta imposible sacar de esta revisión una receta del tipo “tomá determinada cantidad después de entrenar”.
Los propios autores señalan que todavía es necesario investigar cuál podría ser la dosis adecuada según la carga física y fisiológica y, además, si el momento de administración modifica los resultados.
¿Antes de entrenar? ¿Después? ¿Durante la competencia? La ciencia todavía no tiene esas respuestas.
Y hay un detalle que los atletas no pueden pasar por alto
Para quienes compiten bajo reglamentos antidopaje hay otra cuestión importante.
El CBD aislado no está incluido en la lista de sustancias prohibidas de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA). Pero eso no significa que cualquier producto comercial que diga “CBD” sea automáticamente seguro desde el punto de vista antidopaje.
Los productos comerciales pueden contener THC, y el THC y algunos de sus metabolitos sí están contemplados dentro de las regulaciones.
Por eso, un deportista sometido a controles no debería asumir que un producto etiquetado como CBD está necesariamente libre de sustancias que puedan generar un problema.
Entonces, ¿sirve el CBD para recuperarse?
La revisión de 70 estudios deja una respuesta bastante más interesante que un sí o un no.
Hay señales de que el CBD podría influir sobre algunos procesos relacionados con la recuperación, especialmente el dolor, la inflamación, el sueño y, posiblemente, determinados indicadores de daño muscular.
Pero esas señales todavía no alcanzan para afirmar que el CBD acelera la recuperación deportiva.
Los problemas son varios: estudios pequeños, dosis muy diferentes, resultados contradictorios y una cantidad todavía limitada de investigaciones realizadas específicamente en atletas.
Por eso los autores plantean la necesidad de nuevos ensayos aleatorizados y controlados con placebo que comparen distintas dosis y momentos de administración, además de estudiar los efectos tanto agudos como crónicos. También consideran necesario analizar diferencias entre sexos, niveles de entrenamiento y características individuales.
En otras palabras, el CBD está en una zona interesante de la investigación deportiva, pero todavía no llegó a la categoría de herramienta de recuperación comprobada.

