El estado de Ohio dio un paso inédito en Estados Unidos: financiará con 400.000 dólares a la Universidad Estatal de Ohio (OSU) para capacitar a personal médico, policías, bomberos y especialistas en salud mental sobre cómo actuar ante emergencias con psicodélicos, es decir reacciones adversas por su uso.
El objetivo es brindar herramientas concretas para asistir a personas que atraviesan experiencias difíciles con sustancias como la psilocibina o la ibogaína, en un contexto de creciente interés por su uso terapéutico y recreativo.
Emergencias con psicodélicos: un cambio cultural
El programa se llama PEACE (Psychedelic Emergency, Acute, and Continuing Care Education) y será coordinado por el Centro de Investigación y Educación en Drogas Psicodélicas (CPDRE) de la Facultad de Trabajo Social de la OSU. Fue financiado por el Departamento Estatal de Salud Mental y Servicios de Conducta (DBH) a través del fondo de innovación SOAR, el proyecto busca formar a más de 127.000 profesionales de primera línea en todo el estado.
La propuesta surge como respuesta a un fenómeno creciente: mientras los ensayos clínicos muestran resultados prometedores con psicodélicos, cada vez más personas los usan por fuera de entornos médicos. Esto genera una necesidad urgente de capacitación para los equipos que enfrentan situaciones de crisis o intoxicaciones fuera de control.
Según Stacey Armstrong, directora asociada del CPDRE, “la gente empezó a conocer los beneficios de los psicodélicos, pero la información sobre cómo manejar experiencias adversas sigue siendo escasa”.
Armstrong explicó que, aunque el gobierno federal aún clasifica a estas sustancias como drogas controladas, su uso experimental con fines terapéuticos creció tras los resultados de ensayos clínicos con psilocibina y MDMA en el tratamiento de depresión resistente, ansiedad y adicciones. Sin embargo, el salto entre la investigación y el consumo real sin supervisión médica puede exponer a las personas a riesgos psicológicos o físicos que pocos profesionales están preparados para manejar.
Capacitación gratuita para quienes están en la primera línea
El programa PEACE ofrecerá seminarios presenciales y cursos online sin costo para profesionales de hospitales, cuerpos de emergencia, policías, terapeutas y agentes comunitarios. Las capacitaciones comenzarán en enero, marzo y julio de 2026, con contenidos diseñados específicamente para reducir daños y mejorar las intervenciones en crisis.
La idea es que el personal de salud cómo paramédicos o terapeutas de guardia, pero también policías que realizan patrullajes sepan cómo acompañar a alguien que está atravesando una experiencia psicodélica desafiante de forma que ayude y no agrave el riesgo. La iniciativa apunta a construir una red de respuesta informada en todo el estado, que abarque tanto servicios de emergencia como clínicas de salud mental, policías y terapeutas. El CPDRE enfatiza que la formación estará guiada por tres principios: acceso, asequibilidad y precisión.
“Demasiada información sobre psicodélicos es inaccesible, costosa o directamente incorrecta”, sostuvo Tina Romanella, coordinadora del programa. “Nuestro trabajo es que sea todo lo contrario: accesible, gratuita y basada en evidencia científica”.
Por qué hace falta un enfoque preventivo
El auge del interés por las terapias psicodélicas coincidió con un aumento en el uso no médico. Según la Encuesta Nacional sobre Uso y Salud de Drogas 2024, el porcentaje de personas mayores de 12 años que usó alucinógenos en el último año subió de 2,7% en 2021 a 3,6% en 2023, lo que equivale a más de 10 millones de personas en Estados Unidos.
Este incremento preocupa a las autoridades sanitarias, especialmente porque la mayoría de los usuarios no cuenta con guía profesional ni contexto terapéutico. En situaciones de estrés, pánico o “mal viaje”, pueden requerir asistencia urgente.
“Con poca orientación sobre dosis o acompañamiento, alguien puede pasar de una experiencia introspectiva a un episodio de ansiedad severa, desorientación o deshidratación”, explicó Angela Douglas, coordinadora clínica de investigación del CPDRE. “Queremos que, cuando eso ocurra, los equipos sepan cómo intervenir con empatía y conocimiento, no con miedo o represión”.
Douglas destacó además que el DBH aportará su red de contactos y experiencia en desarrollo de políticas para asegurar que la formación llegue “a todos los rincones del estado”.
Contexto: entre la evidencia científica y las leyes pendientes
Aunque Ohio legalizó el cannabis de uso adulto en 2023, el tema de los psicodélicos aún no llegó al debate legislativo estatal. Solo unos pocos estados, como Oregón y Colorado, cuentan con marcos regulatorios para el uso controlado de psilocibina o terapia asistida con psicodélicos.
Sin embargo, la investigación académica avanza a gran velocidad. En 2023, la OSU publicó junto con la Universidad Johns Hopkins un estudio que encontró una asociación entre el uso de psilocibina y reducciones sostenidas de depresión, ansiedad y consumo de alcohol, además de mejoras en regulación emocional, bienestar espiritual y sociabilidad.
Esos resultados fortalecen el interés por desarrollar políticas públicas que acompañen la expansión del fenómeno con educación y prevención, antes de que la demanda social sobrepase la capacidad del sistema sanitario.
Un modelo replicable para todo Estados Unidos
Si el programa PEACE logra sus objetivos, podría servir como modelo nacional de formación en emergencias psicodélicas, un área hasta ahora desatendida en todo el mundo. La meta es crear una red de respuesta compasiva y basada en evidencia, similar a la que se implementó décadas atrás con el alcohol y otras drogas, pero adaptada a los desafíos únicos de las sustancias psicodélicas.
“Estamos en un punto de inflexión”, señaló Armstrong. “Los psicodélicos muestran un potencial terapéutico enorme, pero también requieren educación pública, regulación responsable y formación clínica. La falta de información no puede ser la excusa para no estar preparados”.
Para la OSU, el enfoque preventivo es tan importante como los estudios de eficacia clínica. La idea es integrar la reducción de daños dentro del sistema de salud mental, evitando respuestas punitivas o improvisadas frente a situaciones de crisis.
La experiencia de Ohio marca una tendencia clara: educar antes de legislar. Mientras otras jurisdicciones discuten si legalizar o no, el estado apuesta a fortalecer la capacidad de respuesta ante un fenómeno que ya está ocurriendo.
El PEACE program representa una estrategia pragmática para un problema emergente: preparar a médicos, policías y terapeutas para acompañar experiencias difíciles sin prejuicios, con herramientas concretas y basadas en ciencia.
Si logra su meta de alcanzar a más de 127.000 profesionales, Ohio podría sentar las bases de una nueva generación de políticas sobre psicodélicos, centradas en el cuidado, la información y la salud pública.


