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Países Bajos: el cannabis regulado amplía la oferta y baja algunos precios

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El experimento que busca crear una cadena regulada de cannabis en los Países Bajos empieza a mostrar sus primeros resultados. Un informe elaborado por Breuer&Intraval, RAND Europe y el Instituto Trimbos analizó qué ocurrió después del comienzo de la fase experimental, el 7 de abril de 2025, y comparó diez municipios donde se implementó el nuevo sistema con otros diez que mantuvieron el modelo anterior.

El objetivo es avanzar hacia una cadena en la que el cannabis vendido en los coffeeshops participantes provenga exclusivamente de productores autorizados y regulados, en lugar de mantener la histórica situación neerlandesa en la que la venta minorista está tolerada pero la producción permanece fuera del sistema legal.

El nuevo informe es la primera medición posterior a la línea de base y cubre la etapa inicial del experimento. Por eso, sus autores remarcan que los resultados tienen carácter exploratorio y que todavía no permiten establecer efectos definitivos.

Más variedades y una caída del precio de la marihuana

Uno de los cambios más claros aparece en la oferta. En los municipios donde se implementó la cadena regulada aumentó la diversidad de productos disponibles en los coffeeshops. En particular, los menús pasaron a incluir más nombres de productos correspondientes a marihuana, hachís y porros. El incremento de la diversidad fue más marcado que en los municipios utilizados como comparación.

También hubo modificaciones en los precios. El precio promedio de la marihuana cayó más en los municipios donde funciona el experimento que en los municipios de comparación. La reducción también se observó específicamente en la nederwiet, la marihuana producida localmente.

El comportamiento fue diferente para el hachís: su precio promedio aumentó en los municipios donde se implementó la cadena regulada. Los precios de los porros, con y sin tabaco, tuvieron un ligero incremento en ambos grupos.

El informe también encontró una expansión de la oferta de productos alternativos. En los municipios del experimento aumentó especialmente la cantidad de coffeeshops que comercializan comestibles, vapes y concentrados.

El uso no aumentó por visitar más los coffeeshops

Una de las preguntas centrales del experimento es qué ocurre con los usuarios cuando cambia la forma en que se produce y comercializa el cannabis.

En este primer balance, no se encontraron cambios significativos en la cantidad de visitantes a los coffeeshops ni en la frecuencia de las visitas. La proporción de personas que concurren semanalmente o con mayor frecuencia permaneció estable tanto en los municipios regulados como en los de comparación.

Sí apareció un cambio en la cantidad comprada: los visitantes de los municipios donde funciona la cadena regulada mostraron indicios de adquirir más gramos de marihuana por transacción que durante la medición inicial.

Sin embargo, esto no estuvo acompañado por un aumento en la frecuencia de uso. El informe destaca que, aunque se compraron más gramos por visita, la frecuencia con la que se usa cannabis no aumentó.

El mercado ilegal no desapareció

La regulación tampoco consiguió desplazar por completo al mercado ilegal.

El informe señala que las compras de cannabis fuera de los coffeeshops continúan siendo una alternativa relevante para los usuarios. Las principales razones mencionadas son el menor precio, una relación precio-calidad considerada favorable y la posibilidad de adquirir mayores cantidades.

La forma de conseguir cannabis fuera de los coffeeshops tampoco cambió sustancialmente. En la primera medición posterior al inicio del experimento, las principales fuentes fueron los dealers contactados mediante aplicaciones, teléfonos móviles u otros servicios de entrega. Esto representó el 33% de las compras en los municipios de intervención y el 25% en los municipios de comparación.

También hubo algunos cambios en el mercado ilegal de hachís. En los municipios donde funciona la regulación aumentó la cantidad promedio adquirida por transacción, mientras que disminuyó en los municipios de comparación. Los investigadores plantean que esto podría estar relacionado con la disponibilidad de hachís regulado durante la etapa inicial, aunque aclaran que los datos no permiten establecerlo con certeza.

¿Mejoró la convivencia?

En términos generales, las personas que viven o trabajan cerca de los coffeeshops continúan evaluando positivamente la calidad de vida de sus barrios. La valoración promedio se ubicó entre 7,6 y 7,8 puntos, en niveles similares a los promedios nacionales.

Sí se registraron algunos reportes de situaciones potencialmente molestas, como personas permaneciendo en la vía pública, tránsito o ruido. Estos episodios fueron mencionados ligeramente más frecuentemente en los municipios del experimento, aunque no puede establecerse que sean consecuencia de la nueva cadena de suministro.

La percepción de seguridad también permaneció positiva, con una valoración cercana a 7 puntos.

Una cadena más controlada, pero con problemas de implementación

Los investigadores también entrevistaron a autoridades, productores, propietarios de coffeeshops y organismos de supervisión.

En general, los participantes describieron de manera positiva la introducción de la cadena cerrada. Uno de los cambios señalados fue un mayor contacto entre los distintos actores y un mejor conocimiento sobre dónde se produce el cannabis y bajo qué condiciones. La producción, el transporte y la venta también comenzaron a funcionar mediante procedimientos más estandarizados.

Pero el proceso tuvo dificultades.

Durante la etapa inicial hubo problemas de abastecimiento y variedad. Algunos coffeeshops no podían mantener el surtido que ofrecían antes porque la producción regulada todavía no alcanzaba un volumen suficiente. Con el tiempo, la disponibilidad mejoró y esas preocupaciones disminuyeron.

También aparecieron dificultades con el sistema de seguimiento y trazabilidad, que permite registrar el recorrido del cannabis desde el cultivo hasta la venta. Los participantes lo describieron inicialmente como complejo y demandante de tiempo, aunque varias de estas dificultades parecen haber sido problemas propios de la puesta en marcha.

El experimento todavía no tiene una respuesta definitiva

El balance deja una conclusión bastante más interesante que un simple “funcionó” o “no funcionó”.

La cadena regulada parece haber conseguido aumentar la diversidad de productos y modificar algunos precios, mientras que los actores involucrados describen en términos generales de forma positiva su funcionamiento.

Pero en cuestiones como frecuencia de uso, cantidad de visitantes, salud pública, seguridad, calidad de vida y varios indicadores relacionados con la criminalidad, no aparecen diferencias suficientemente claras entre los municipios del experimento y los de comparación.

Además, el mercado ilegal continúa funcionando en paralelo.

Por eso, los investigadores consideran que esta primera medición debe interpretarse como una fotografía inicial de un experimento que todavía está en desarrollo. Serán necesarias nuevas mediciones para determinar si los cambios observados se mantienen, se profundizan o desaparecen con el tiempo.