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Psiconautas Ilustres: Jacobo Grinberg, el científico mexicano que investigó el chamanismo

Su obra, prolífica como pocas, arrojó luz sobre el chamanismo mexicano y mostró que era más que un fenómeno cultural eclipsado desde la conquista española. La historia de Jacobo Grinberg, el científico mexicano que se sumergió en otras dimensiones de pensamiento para finalmente desaparecer.

Pachita, la cirujana de lo inexplicable

La titilante luz de un par de velas apenas marcaba la silueta del paciente, recostado en un colchón envuelto en plástico. Con un cuchillo con las cachas envueltas en cinta aisladora negra, que no brillaba en la penumbra por una espesa capa de óxido, la curandera abría el cuerpo del enfermo.

La mujer retiraba tumores, materializaba órganos sanos para trasplantes instantáneos. Las curaciones y cirugías milagrosas que realizaba atraían una cantidad enorme de pacientes peregrinos desahuciados por la ciencia tradicional. No usaba ninguna clase de asepsia, anestesia y muchas veces operaba dos o tres pacientes simultáneamente. Para el postoperatorio usaba jarabes y tés caseros hechos con plantas tradicionales del país.

Antes de cada procedimiento, Bárbara Guerrero, nacida a principios de 1900 y conocida como doña Pachita, se sentaba en un sillón frente a un pequeño altar y respiraba con los ojos cerrados hasta sentir un zumbido en sus oídos que le anunciaba el próximo cambio en su estado de conciencia. Según ella era poseída por Cuauhtémoc, el líder azteca torturado y ejecutado por las tropas españolas al mando de Hernán Cortés. Era, según decía, el espíritu del “hermanito” que la acompañaba desde la infancia, el que realizaba las cirugías y curaciones.

Su consultorio en la Ciudad de México, bautizado popularmente como “la Casa de las Brujas” le atrajo una popularidad que cruzó los océanos y fronteras. Fue investigada por científicos estadounidenses y personalidades como el cineasta y escritor Alejandro Jodorowsky, el teólogo Maurice Cocagnac y el neurocientífico más conocido de todo México, Jacobo Grinberg.

Jacobo Grinberg: la mente y el destino

Nacido en 1946 en la Ciudad de México, Jacobo Grinberg-Zylberbaum era hijo de inmigrantes polacos judíos refugiados en México durante la década de 1930. Su madre murió cuando Grinberg tenía 12 años después de una larga enfermedad provocada por un tumor cerebral. El deterioro de las funciones vitales y sociales de su madre lo inspiró más tarde en su vida para estudiar primero Psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y luego varios posgrados, incluido un doctorado en Psicofisiología en Nueva York, Estados Unidos.

En 1968, ya recibido, creó el laboratorio de Psicofisiología de la Universidad Anahuac de México. Unos años después, fundó el Instituto Nacional para el Estudio de la Conciencia, dependiente de la UNAM.

Su trabajo comenzó a centrarse en la vasta tradición psiconáutica de su país, sobre todo en los curanderos y médicos que practicaban la medicina nativa en una mezcla de fitofarmacología, enteógenos y mística. Principalmente analizaba las capacidades de personas iniciadas en cualquier tipo de experiencia transpersonal o mística, sin discriminar entre yoguis, chamanes o curanderos brujos.

Una de las escasas fotos disponibles de Pachita, la curandera milagrosa.

Uno de sus experimentos más conocidos estudiaba la posibilidad de que personas conectadas emocionalmente fueran capaces de transmitirse estímulos cerebrales a distancia o la posibilidad de captar conocimiento a través de la dermoóptica, la habilidad que entrenan las personas no-videntes para leer en el sistema braille.

También era frecuentado por practicantes del movimiento New Age, esotéricos y contactados por OVNIS. Sus investigaciones y teorías llegaron a llamar la atención de la CIA, la agencia de seguridad estadounidense, que recopiló varios artículos sobre las conclusiones de Grinberg.

Una de sus obras más importantes fue la serie Chamanes de México, que comenzó a ser publicada a mediados de los años 80. Se trata de una serie de experiencias y estudios sobre los curanderos más conocidos de ese país, para la que viajó a distintos lugares para asistir a sanaciones y rituales.

Entre ellos, narró la experiencia que vivió durante los años 70, cuando en busca de Maria Sabina la encontró casi por arte de magia gracias a una niña que se cruzó en el medio de la ruta a Huatla, en las montañas: “Al anochecer llegó María Sabina. Traía consigo un sahumador con copal cuyo delicioso aroma alivió un poco nuestra incomodidad y aprehensión. Después la chamana se acercó a cada uno de nosotros y nos frotó los antebrazos con un polvo oscuro. Más adelante, nos invitó a comer los hongos después de que ella hizo lo propio”.

Hacía más de 20 años que las experiencias con Maria Sabina eran conocidas en el mundo gracias a los relatos de Wasson y Hofmann y las visitas de celebridades como John Lennon, Jim Morrison o Bob Dylan. Grinberg decidió intentar un acercamiento académico con un cuaderno y una lapicera mientras sus compañeros se acostaron envueltos en bolsas de dormir.

A la media hora Grinberg hacía lo mismo. Mientras imágenes aparecían tras sus párpados cerrados, comenzó a sentir incomodidad física por el frío y la humedad. La visión de una ciudad de calles onduladas, de su sillón favorito, hizo desaparecer todo el desaliento hasta que la chamana comenzó a cantar una oración en mazateco. Al instante Grinberg volvió a la choza, el frío y el sufrimiento.

“Aquello se repitió siete veces. Cada vez que lograba retornar a la comodidad y al placer, la chamana cantaba, sacándome de mi estado e introduciéndome en la desesperación del presente. Era obvio que la Sabina reconocía mi mente y sabía sus cambios. Era tan sincronístico (sic) su canto con mis estados psíquicos que, pronto, pensé que su intención era malévola y desesperado me incorporé y salí a la intemperie. Me recibió una lluvia pertinaz, pero la preferí al infierno Sabiniano del interior de la choza. Empezó a amanecer y di gracias a Dios por el retorno de la luz y por el milagro del nuevo día”.

Solo luego de varios años, Grinberg pudo alcanzar apenas a comprender el perfume de ese aprendizaje: “María Sabina me había mostrado uno de mis refugios emocionales, mi incapacidad para vivir en el presente y mi tendencia a huir de la realidad para guarecerme en una estructura de comodidad. Le agradezco la terrible enseñanza”.

Jacobo Grinberg: la confirmación

Existió una experiencia fundamental en la historia de Grinberg y fue conocer a la curandera Bárbara Guerrero, doña Pachita. En el tomo III de Chamanes de México, llamado “Pachita, milagro méxicano”, Grinberg relata su experiencia con la única curandera mexicana conocida por realizar cirugías. Sus detractores afirman que Pachita, amparada por la penumbra que exigía para sus procedimientos (según ella las luces fuertes dañaban los órganos internos) y su habilidad para la prestidigitación, usaba las mismas técnicas que los curanderos filipinos famosos durante los años 90 por operar con los dedos sin dejar heridas visibles.

Según cuenta Grinberg en el libro, Pachita poseía un don que la habilitaba para “el manejo de las estructuras orgánicas, le permitía realizar trasplantes de órganos a voluntad, curaciones de todo tipo y diagnósticos a distancia con un poder y exactitud colosales”. También relata una cirugía a una niña en estado vegetativo a la que le abrió el cuero cabelludo con su cuchillo y seccionó el cráneo con una sierra para cortar caños. La niña no solo sobrevivió, sino que volvió lentamente a interactuar y expresar gestos.

Según Grinberg, el manejo de la mente de Pachita le posibilitaba dar órdenes inconscientes al cuerpo (el estado de “posesión”) y su poder era tal que podía incluso transmitir estos comandos a cuerpos ajenos, generando el proceso de sanación que la hizo famosa.

Con todo su prestigio académico al filo de un precipicio, Grinberg escribió como introducción del libro: “Esa mujer extraordinaria modificó mi percepción de la realidad y me puso en contacto directo con un mundo lleno de magia y poder. Fui testigo de una serie de acontecimientos asombrosos y me obligué a escribir acerca de ellos con la mayor exactitud posible. Este libro es el resultado de ese trabajo. Describo lo que vi tal como sucedió, sin modificaciones y con toda veracidad. Pachita era capaz de realizar verdaderos milagros modificando el espacio-tiempo y la materia”.

Conocer a Pachita hizo que Grinberg concluyera su teoría más famosa, la “Teoría Sintérgica”, en la que afirma que la realidad es el resultado de una interpretación que el cerebro lleva a cabo en base a una estructura pre-espacial, una interpretación basada en una matriz o una red de puntos de tipo holográfico. En todos los puntos de esta proyección existe condensada la información completa del Cosmos, permitiendo a la mente entrenada acceder a ella y desarrollar habilidades inexplicables para la ciencia, como las curaciones de Pachita o las adivinaciones de María Sabina.

Según su teoría, los procesos energéticos que suceden adentro de las neuronas del cerebro humano generan un “campo neuronal” que interactúa con la matriz del universo y así sucede o se genera la percepción sensorial de lo que conocemos como realidad. A través de la singularidad especial, el entrenamiento o la alteración del estado de conciencia, los curanderos modifican su campo neuronal, cambiando la manera en que perciben la información y la realidad. Así explicó Grinberg los poderes de Pachita para retirar tejido enfermo o fabricar órganos sanos.

Esta teoría, como afirma en su libro El cerebro consciente, condice con los análisis realizados a sujetos bajo los efectos del LSD o el cannabis, donde se observan alteraciones en las frecuencias de los impulsos bajo un electroencefalograma. Según Grinberg, el LSD y su ingestión “afecta de tal forma el sistema nervioso que (en muchos casos) el mundo, tal y como lo conocemos, desaparece para dar lugar a cambios energéticos geométrica o hipercomplejamente dispuestos en un espacio que deja de ser transparente para convertirse en un mosaico de filigranas y diseños preciosistas. La única forma de explicar tales percepciones es suponiendo que la droga permite un acceso directo a niveles inclusivos más cercanos a la periferia sensorial”.

De esta manera, Grinberg atribuía a los enteógenos la capacidad de modificar la percepción orgánica de nuestra realidad, haciendo posible vislumbrar una parte de la “matriz de información” de la que estaba formado el universo y hasta predisponer a las personas a mejorar o entrenar su habilidad para expandir su propio campo neuronal.

El último estudio

En 1994 Grinberg publicó su último trabajo conocido, “La paradoja Einstein-Podolsky-Rosen en el cerebro: El potencial transferido”, donde critica a la mecánica cuántica por no tener evidencia de que las partículas que conforman el universo interactúan de manera no local. Por muchos años se intentó aplicar el estudio de esta paradoja particularmente al funcionamiento del cerebro humano, las neuronas y la conciencia, con teorías que explican la transmisión de impulsos eléctricos de neurona a neurona a través de mecánica cuántica e, incluso, con una combinación de sistemas clásicos y cuánticos, dada la necesidad del cerebro de impulsar información de un área a otra a veces alejadas por varios centímetros. Esto confirmaría la presencia de interacciones no locales entre partículas.

Para probar esta idea, Grinberg diseñó un protocolo en el que los sujetos, en pares, interactuaban en una meditación conjunta durante 20 minutos antes de ser separados en cabinas alejadas varios metros, donde evaluaban la actividad cerebral mediante un encefalograma. Uno de los participantes era estimulado con luces estroboscópicas, mientras que el otro quedaba como referencia para evaluar la capacidad del cerebro de recibir información “transferida”.

En diciembre de ese año, Grinberg desapareció sin dejar rastro alguno. Tenía planeado un viaje a Nepal e incluso una fiesta de cumpleaños organizada por su familia, a la que se ausentó sin explicaciones. Con el pasar de los meses, sin tener noticias ni registro de la salida del país, su esposa emprendió una búsqueda hasta desaparecer ella también durante 1995. Surgieron sospechas sobre su responsabilidad en la desaparición del científico debido a incongruencias en los testimonios que brindó públicamente y a los investigadores.

Sin cuerpos, sin rastros de sangre y con una esposa presuntamente prófuga, la investigación policial por la desaparición de Grinberg quedó trunca. En poco tiempo, todo tipo de teorías nublaron la imagen del científico de la misma forma que la falta de seriedad enturbió tantas investigaciones sobre fenómenos no ordinarios de conciencia. Se dijo que fue secuestrado por el gobierno mexicano o la CIA, incluso por sicarios de organizaciones ocultas para utilizar sus investigaciones psíquicas en el desarrollo de armamento. Otras versiones incluyeron hasta un secuestro a cargo de extraterrestres.

Otra rama de la investigación apunta a una fricción y varias disputas que existían entre el científico y el autor Carlos Castaneda. A principios de los años 90, ambos habían coincidido en varias reuniones y, según testigos, Castaneda le habría ofrecido que abandonara la UNAM para mudarse a un complejo administrado por el autor de Las enseñanzas de Don Juan y su séquito. Grinberg, parece, rechazó la oferta. La amistad se congeló definitivamente luego de un viaje a México en el que Grinberg vio en Castaneda a alguien más obsesionado por el poder que por el conocimiento, o al menos así lo afirmaron personas de su círculo íntimo. Pero, sin pruebas para acusar a nadie de nada, la teoría quedó en rumores.

Una última versión afirma que Grinberg emprendió un viaje espiritual en el anonimato y que habría experimentado lo que gran parte de la tradición chamánica asegura que los hombres de conocimiento sufren: una transformación a nivel molecular, la unión con el Todo sin dejar otros rastros que su obra y el conocimiento legado a las generaciones futuras.