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Un fósil de 56 millones de años reescribe el origen del cannabis

Durante décadas, la historia evolutiva del cannabis pareció relativamente clara: su origen se ubicaba en Asia, más precisamente en la meseta tibetana, y su antigüedad rondaba los 20 a 30 millones de años según el análisis de polen fósil y estudios genéticos modernos. Sin embargo, un hallazgo reciente vino a sacudir ese consenso. Un fósil vegetal que permaneció olvidado durante más de un siglo en una colección de museo podría representar la evidencia más antigua conocida de una planta emparentada con el cannabis, duplicando prácticamente la edad estimada del género.

El descubrimiento no solo cambia la cronología, sino también el mapa. Porque este fósil no apareció en Asia, sino en Europa, específicamente en Alemania. A partir de su análisis, investigadores proponen que la historia del cannabis es mucho más antigua y geográficamente compleja de lo que se creía hasta ahora.

Un fósil olvidado que cambia la historia

El ejemplar en cuestión consiste en la impresión fosilizada de una hoja encontrada en sedimentos del Eoceno inferior, un período geológico que se extiende aproximadamente entre 56 y 48 millones de años atrás. Aunque fue descrito originalmente en 1883, nunca había sido estudiado con el nivel de detalle que permiten las herramientas actuales.

El análisis reciente revela que la morfología de la hoja es sorprendentemente similar a la del cannabis moderno. No solo en su forma general, sino también en la disposición de las venas, un rasgo clave para identificar especies vegetales en paleobotánica.

Según Ludwig Luthardt, investigador del Museo de Historia Natural de Berlín, las similitudes son “notables”. Este nivel de coincidencia permitió a los científicos proponer que se trata de un pariente antiguo del género Cannabis, aunque no de las especies actuales como Cannabis sativa o Cannabis indica.

Más antiguo de lo que se pensaba

Hasta ahora, la evidencia más antigua del cannabis provenía de granos de polen hallados en Asia, con una antigüedad estimada de unos 20 millones de años. A eso se sumaban estudios genéticos basados en ADN de plantas modernas que sugerían un origen de alrededor de 28 millones de años.

El nuevo fósil europeo, sin embargo, duplica esa cifra, empujando el posible origen del género hacia al menos 50 millones de años atrás. Esto implica que el cannabis no solo es más antiguo, sino que probablemente tuvo una distribución mucho más amplia en el pasado.

Este cambio de perspectiva es relevante porque obliga a revisar hipótesis sobre la evolución de la planta, su adaptación a distintos entornos y su posterior domesticación por parte de los humanos.

Europa como nuevo escenario posible

Uno de los aspectos más llamativos del hallazgo es su ubicación geográfica. La región de Sajonia Anhalt, en Alemania, no figuraba previamente como un área clave en la evolución del cannabis.

Durante años, la hipótesis dominante ubicaba el origen del género en zonas montañosas del Himalaya, donde condiciones ambientales específicas habrían favorecido la diversificación de plantas herbáceas. Sin embargo, este nuevo fósil sugiere que el cannabis podría haber tenido un rango ecológico más amplio.

Luthardt plantea que el género no necesariamente se originó en ambientes montañosos, sino que pudo adaptarse a distintos ecosistemas desde etapas tempranas de su evolución. Esto abre la puerta a una reinterpretación de cómo y dónde surgió el cannabis.

Un linaje extinto

A pesar de su similitud con las plantas actuales, el fósil no corresponde directamente a Cannabis sativa ni a Cannabis indica. Estas especies son el resultado de miles de años de selección artificial por parte de los seres humanos.

El ejemplar hallado pertenece probablemente a una especie ancestral ya extinta. De hecho, se cree que el cannabis silvestre original del cual derivan las variedades modernas ya no existe en estado natural.

La domesticación de la planta podría remontarse a la Edad de Piedra, cuando las primeras sociedades humanas comenzaron a aprovechar sus fibras, semillas y, eventualmente, sus propiedades psicoactivas.

¿Tenía THC este cannabis primitivo?

Una de las preguntas más intrigantes es si estas plantas antiguas producían cannabinoides psicoactivos como el THC. La respuesta, por ahora, es incierta.

En las plantas actuales, el THC se produce en estructuras microscópicas llamadas tricomas, que no se conservan en este tipo de fósiles. La impresión de la hoja no incluye detalles de la epidermis, por lo que no es posible confirmar la presencia de estos compuestos.

Sin embargo, los investigadores no descartan que existieran. Es posible que la capacidad de producir cannabinoides haya surgido temprano en la evolución del género, aunque esto requerirá nuevas evidencias para ser confirmado.

Un rompecabezas incompleto

El hallazgo aporta una pieza clave, pero todavía deja muchas preguntas abiertas. Por ejemplo, si el cannabis ya existía hace más de 50 millones de años, ¿por qué no hay más fósiles similares? ¿Y cómo se distribuyó globalmente a lo largo del tiempo?

Parte de la respuesta tiene que ver con las limitaciones del registro fósil. Los restos vegetales son más difíciles de preservar y encontrar que los de animales, y muchas regiones del mundo siguen siendo poco exploradas desde el punto de vista paleobotánico.

Además, la familia Cannabaceae, a la que pertenece el cannabis, existe desde el período Cretácico, hace unos 90 millones de años. Esto sugiere que podrían existir fósiles aún más antiguos esperando ser descubiertos.

Implicancias para la ciencia y la industria

Más allá del interés académico, este tipo de descubrimientos tiene implicancias más amplias. Entender la evolución del cannabis puede ayudar a mejorar su cultivo, identificar genes clave y desarrollar nuevas variedades con características específicas.

En un contexto global donde la industria cannábica está en expansión, el conocimiento científico sobre la planta se vuelve cada vez más relevante. Desde aplicaciones medicinales hasta usos industriales del cáñamo, la historia evolutiva puede ofrecer pistas valiosas para el futuro.

Además, este hallazgo refuerza la idea de que el cannabis no es una planta “reciente” ni marginal, sino una especie con una historia profunda y compleja, que atraviesa millones de años de evolución y miles de años de interacción con la humanidad.

Una historia en revisión constante

La ciencia no es estática, y este descubrimiento es un ejemplo claro de cómo nuevas evidencias pueden cambiar paradigmas establecidos. Lo que antes se consideraba un origen asiático relativamente reciente, ahora se transforma en una historia mucho más antigua y posiblemente global.

A medida que se desarrollen nuevas técnicas de análisis y se exploren más yacimientos fósiles, es probable que la historia del cannabis siga evolucionando. Cada nuevo hallazgo no solo suma información, sino que también redefine lo que creíamos saber.

En un momento donde el cannabis gana protagonismo en debates médicos, industriales y culturales, conocer su pasado puede ser clave para pensar su futuro. La recomendación, en este sentido, es seguir de cerca la evidencia científica y evitar conclusiones apresuradas: la historia de esta planta, claramente, todavía se está escribiendo.