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Wichan, la primera empresa de Mendoza autorizada a producir flores para abastecer a ONGs

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Por primera vez, una empresa privada de Mendoza quedó habilitada para producir flores de cannabis medicinal destinadas al abastecimiento de organizaciones civiles.

La autorización, otorgada a Wichan en el marco de la Ley 9617, marca un punto de inflexión para el desarrollo de la industria provincial, ya que abre un esquema de trabajo inédito en el que empresas y ONGs podrán complementarse para garantizar el acceso a productos trazados, controlados y con estándares de calidad destinados a pacientes.

Wichan es una empresa mendocina que desde hace más de una década trabaja en el desarrollo de genética, producción, extracción e investigación en cannabis. Para su fundador, Facundo Ledesma, la licencia representa mucho más que un logro empresarial: inaugura una nueva forma de pensar la producción de cannabis medicinal en la provincia.

«Significa un paso histórico y también una nueva manera de ver el cannabis en Mendoza. Esta licencia permite que un productor, de manera legal, trazada y controlada, pueda ofrecer un producto de calidad a las ONGs para que llegue a los pacientes», explica Ledesma.

Hasta ahora, el modelo vigente contemplaba principalmente el cultivo por parte de las propias organizaciones civiles o proyectos de investigación. La nueva reglamentación incorpora un actor que hasta el momento no tenía un lugar definido: las empresas privadas especializadas en producción de cannabis medicinal.

Un puente entre las empresas y las ONGs

Lejos de plantear una competencia entre ambos sectores, Ledesma sostiene que la licencia permite construir un modelo colaborativo en el que cada actor aporte aquello para lo que está mejor preparado.

Según explica, las organizaciones podrán continuar cultivando para sus pacientes, pero también tendrán la posibilidad de recurrir a empresas habilitadas cuando necesiten acceder a determinados quimiotipos, ampliar su capacidad de producción o responder a una demanda que exceda sus posibilidades. «Lo que se genera es un círculo virtuoso, de una industria que se plantea con reglas claras y, sobre todo, la posibilidad de que tanto ONG como empresas privadas puedan tener una coexistencia sana», señala.

Ese modelo, sostiene, beneficia tanto a las organizaciones como a los pacientes. Por un lado, porque permite acceder a flores producidas bajo protocolos de calidad, con análisis cromatográficos y trazabilidad de cada lote. Por otro, porque libera a las ONGs de parte de la carga productiva para que puedan concentrarse en el acompañamiento sanitario.

En ese sentido, uno de los principales cambios que introduce el nuevo esquema es la posibilidad de conocer con precisión qué recibe cada paciente. La producción regulada incorpora controles sobre cannabinoides, ausencia de contaminantes, identificación de quimiotipos y trazabilidad durante todo el proceso, elementos que hasta ahora no siempre estaban disponibles para las organizaciones.

Esa posibilidad está directamente vinculada con la trazabilidad de los productos. Wichan administra todo el proceso productivo, desde la selección de la semilla hasta la obtención de flores y extractos, lo que permite registrar cada etapa del cultivo, la cosecha y el procesamiento. Ese seguimiento integral garantiza que los productos lleguen a las organizaciones con información precisa sobre su composición y origen.

El laboratorio es otro de los pilares del desarrollo de cannabis medicinal de Wichan.

Wichan: más de una década de trabajo hasta llegar a este punto

Detrás de la licencia hay más de una década de construcción. Wichan nació cuando el desarrollo del cannabis medicinal todavía encontraba múltiples barreras regulatorias y sociales. Desde entonces, la empresa fue ampliando sus capacidades de manera gradual, incorporando producción de semillas, fitomejoramiento, laboratorios propios, extracción de derivados e infraestructura tecnológica.

Para Ledesma, el camino estuvo marcado por desafíos constantes: «fue un camino lleno de desafíos de todo tipo: sociales, legales, intelectuales, económicos y medicinales».

Durante ese proceso, explica, convivieron cambios de normativa, demoras administrativas y la necesidad permanente de adaptar el proyecto a un marco regulatorio en construcción. Sin embargo, sostiene que el desarrollo de la industria solo fue posible gracias al trabajo conjunto entre productores, instituciones científicas, universidades, profesionales de la salud y distintos actores públicos.

Para el fundador de Wichan, la licencia representa justamente la posibilidad de transformar años de trabajo en un modelo productivo que ahora cuenta con reglas más claras y previsibilidad para seguir creciendo.

Facundo Ledesma, uno de los fundadores de Wichan, en uno de los espacios de cultivo.

Los convenios de Wichan: una apuesta que va más allá de la producción

Aunque la licencia para producir flores destinadas a ONGs representa un hito para Wichan, Ledesma insiste en que el proyecto nunca estuvo pensado únicamente como un emprendimiento productivo. Desde sus comienzos, la empresa buscó vincular el cultivo de cannabis con la investigación científica, la formación profesional y la generación de conocimiento.

En ese camino, fue construyendo alianzas con instituciones académicas y organismos de investigación para desarrollar proyectos relacionados con genética, extracción, análisis de cannabinoides y terpenos, además de capacitar a futuros profesionales del sector. «En cada lugar donde mi empresa se ha instalado hemos hecho algún tipo de de de convenio», expresa Facundo.

Entre esas articulaciones aparecen iniciativas junto al CONICET, la Universidad Nacional de Cuyo y el Instituto de Educación Superior de Santa Rosa, donde estudiantes realizan prácticas y participan de proyectos vinculados a la producción e investigación en cannabis. Para Ledesma, esa articulación entre el sector privado y el ámbito científico resulta indispensable para consolidar una industria que recién comienza a desarrollarse en el país.

La obtención de la licencia también representa una oportunidad para profundizar ese trabajo. La producción regulada permitirá generar información, validar procesos y continuar desarrollando protocolos de calidad que puedan convertirse en referencia para futuros proyectos dentro de la provincia. 

Un modelo que busca consolidarse en Mendoza

Más allá del impacto inmediato para Wichan, Ledesma considera que el verdadero desafío consiste en demostrar que Mendoza puede convertirse en un polo de desarrollo del cannabis medicinal a partir de un modelo basado en la cooperación entre el Estado, las empresas, las organizaciones civiles y el sistema científico.

Ledesma reconoce el trabajo realizado por distintos actores que impulsaron la implementación de la Ley 9617, entre ellos la doctora Virginia Coraglia y el ministro de Gobierno, Infraestructura y Desarrollo Territorial, Natalio Mema.

Según sostiene el fundador de Wichan, el diálogo entre el sector público y los emprendimientos privados fue clave para construir un marco regulatorio adaptado a la realidad de la provincia: «Fue un acuerdo entre los distintos actores del arco político. No fue meramente algo partidario o electoral, porque esto se ha venido trabajando desde distintos artífices de Mendoza. Desde las universidades, el CONICET, el gobierno y distintos actores del arco político, en un acuerdo social que permitió generar esta primer licencia»

A ese entramado también se suman municipios, instituciones educativas y organizaciones sociales que, desde distintos lugares, fueron acompañando el crecimiento de la actividad y generando espacios de formación, investigación y producción.

Para Ledesma, ese ecosistema es el que permitirá que el cannabis medicinal deje de ser visto únicamente como un cultivo para convertirse en una actividad capaz de generar empleo calificado, innovación tecnológica y nuevas oportunidades de desarrollo regional.

El cultivo en instancias tempranas.

El camino que queda por recorrer

Aunque la obtención de la licencia representa un avance para el desarrollo del cannabis medicinal en Mendoza, Ledesma sostiene que todavía quedan obstáculos por resolver para garantizar el acceso efectivo de los pacientes. En el trabajo cotidiano con organizaciones civiles, explica, conviven la satisfacción de ver mejoras concretas en la calidad de vida de las personas con la frustración que generan las demoras administrativas y las dificultades para acceder al REPROCANN. 

«Realmente se vive con satisfacción pero con mucho vértigo, porque muchas de las asociaciones que nosotros asesoramos, ni siquiera tienen el permiso de Reprocann, no tienen el bendito botón de Reprocann», reconoce.

Para Ledesma, ese tipo de situaciones demuestra que, si bien el marco regulatorio continúa avanzando, todavía existen barreras que dificultan el acceso oportuno a tratamientos para muchas personas. Aun así, sostiene que el compromiso con los pacientes sigue siendo el principal motor del trabajo que realizan junto a las organizaciones.

«No cambia el mundo, pero le cambia el mundo a esa persona, y ya eso para nosotros un montón. Un granito de arena que aportamos en una vida.»