La regulación del cannabis puede tener efectos que van mucho más allá de permitir que los adultos compren la planta legalmente. Un ensayo realizado en Suiza encontró que ofrecer acceso regulado al cannabis dentro de un sistema orientado a la salud pública puede reducir determinados patrones de consumo problemático y, al mismo tiempo, evitar algunos de los riesgos asociados con el mercado ilegal.
El estudio comparó durante seis meses a usuarios adultos de cannabis que tuvieron acceso a productos regulados mediante farmacias con otro grupo que continuó obteniendo cannabis del mercado ilegal.
La investigación forma parte de WeedCare, uno de los ensayos piloto que Suiza utiliza para estudiar diferentes modelos de regulación del cannabis.
Aunque el trabajo no encontró una mejora estadísticamente significativa de la salud mental en toda la población estudiada, tampoco detectó un deterioro de indicadores como depresión, ansiedad o síntomas psicóticos. El resultado más importante apareció entre las personas que, además de cannabis, usaban otras drogas: en ese grupo, el acceso regulado estuvo asociado con una reducción más clara del consumo problemático.
Un experimento para medir qué cambia cuando el cannabis deja el mercado ilegal
El estudio tuvo una característica que lo diferencia de buena parte de las investigaciones sobre cannabis y regulación: fue un ensayo controlado y aleatorizado. Participaron alrededor de 378 adultos usuarios de cannabis. Los investigadores los distribuyeron al azar en dos grupos.
Uno obtuvo acceso a cannabis regulado a través de farmacias participantes del programa WeedCare. El otro continuó abasteciéndose mediante el mercado ilegal. El seguimiento duró seis meses.
La diferencia no estaba solamente en el lugar donde compraban cannabis. El modelo regulado incorporaba productos controlados, información sobre uso con menor riesgo y asesoramiento voluntario. Además, no utilizaba publicidad para estimular las ventas.
El objetivo era comprobar qué ocurría cuando el usuario podía acceder a cannabis dentro de un sistema diseñado desde una perspectiva de salud pública y reducción de daños.
Menos consumo problemático
El principal indicador utilizado por los investigadores fue el nivel de uso problemático de cannabis, medido mediante la escala CUDIT-R.
Después de seis meses, el grupo que tenía acceso regulado presentó una puntuación promedio ligeramente inferior a la del grupo que continuaba utilizando el mercado ilegal. La diferencia fue de aproximadamente 0,69 puntos a favor del grupo regulado. Sin embargo, el valor estadístico quedó apenas por encima del umbral convencional de significación: P=0,052.
Por eso, el resultado general debe considerarse una señal favorable, pero no una demostración definitiva de que el acceso regulado reduzca el consumo problemático en todos los usuarios. Además, debe tenerse en cuenta que la caracterización del uso problemático muchas veces depende de la percepción del usuario.
El panorama cambia cuando los investigadores analizan quiénes eran los participantes.
El efecto fue mayor entre quienes usaban otras sustancias
El resultado más significativo apareció entre las personas que utilizaban cannabis junto con otras sustancias.
En este grupo, la reducción del consumo problemático asociada con el acceso regulado fue considerablemente más marcada. La interacción entre el acceso regulado y el uso de otras drogas fue estadísticamente significativa. Este hallazgo puede ser especialmente importante desde una perspectiva de salud pública.
Las personas que utilizan varias sustancias pueden estar expuestas a mayores riesgos relacionados con el consumo. Para ellas, reemplazar el mercado ilegal por un sistema donde existen controles sobre los productos y acceso a información y asesoramiento podría representar una oportunidad adicional de reducción de daños.
¿Y qué pasó con la salud mental?
Acá está uno de los aspectos más interesantes del estudio.
Los investigadores analizaron diferentes indicadores relacionados con la salud mental, entre ellos depresión, ansiedad y síntomas psicóticos. No encontraron diferencias estadísticamente significativas entre quienes tuvieron acceso regulado y quienes continuaron comprando cannabis en el mercado ilegal.
A primera vista, esto podría parecer un resultado neutro.
Sin embargo, tiene importancia dentro del debate sobre regulación porque una de las preocupaciones planteadas alrededor de un mayor acceso al cannabis es que pueda producir un deterioro de la salud mental. En este ensayo, durante los seis meses de seguimiento, ese deterioro no apareció.
Por eso, el estudio permite sostener una afirmación más prudente: el acceso regulado dentro del modelo estudiado no se asoció con un empeoramiento de la salud mental, mientras que sí aparecieron señales de reducción del consumo problemático.
Regular no significa simplemente vender cannabis
El modelo suizo es importante porque muestra que la regulación puede incorporar herramientas que no existen en el mercado ilegal.
Los participantes que accedían al cannabis mediante las farmacias recibían información sobre reducción de daños y podían acceder a asesoramiento. Además, los productos estaban sometidos a controles y la venta no estaba acompañada por campañas publicitarias destinadas a aumentar el uso. Esto modifica completamente la relación entre el usuario y el producto.
En el mercado ilegal, el Estado puede perseguir la venta y el uso, pero tiene pocas posibilidades de intervenir directamente sobre la calidad del producto, la información que recibe el consumidor o las estrategias utilizadas para reducir daños.
En un mercado regulado, esas variables pueden convertirse en parte de la política sanitaria.
La regulación puede convertirse en una herramienta de reducción de daños
El resultado del estudio aporta evidencia a una idea cada vez más presente en las políticas de drogas: regular no necesariamente significa fomentar el uso.
Un sistema puede establecer condiciones de acceso que permitan desplazar parte del mercado ilegal y, simultáneamente, introducir herramientas de prevención y reducción de daños. En el ensayo de Basel, los investigadores observaron precisamente una señal compatible con este fenómeno.
El mercado ilegal también es un problema de salud
La discusión sobre cannabis suele concentrarse en los posibles efectos de la planta sobre la salud mental. Pero el estudio introduce otra variable: las condiciones en las que las personas obtienen y usan cannabis.
Cuando la compra ocurre en un mercado ilegal, el usuariono necesariamente conoce con precisión la composición del producto, su potencia o sus características. Además, no existe un espacio institucional para proporcionar información sobre riesgos o detectar patrones problemáticos.
El modelo de WeedCare intenta modificar esa situación. La farmacia se convierte así en un punto de acceso donde, además de entregar cannabis regulado, existe la posibilidad de ofrecer información y asesoramiento.
El objetivo no es impedir que un adulto use cannabis, sino reducir los riesgos asociados con ese uso.
Una nueva mirada sobre cannabis y salud mental
El valor del estudio está en cambiar la pregunta. En lugar de preguntarse solamente si el cannabis puede afectar la salud mental, la investigación permite analizar qué consecuencias puede tener el modo en que una sociedad regula el acceso a la sustancia.
En el ensayo suizo, el acceso regulado no produjo un deterioro detectable de la salud mental durante los seis meses estudiados. Al mismo tiempo, aparecieron señales de menor consumo problemático, especialmente entre personas que también usaban otras drogas.
Esto aporta evidencia a favor de una hipótesis más precisa: un modelo de regulación orientado a la salud pública puede reducir determinados daños asociados al consumo sin generar, al menos durante el período estudiado, un empeoramiento de los principales indicadores de salud mental.
Y esa diferencia es fundamental.
La experiencia suiza sugiere que el debate no debería limitarse a decidir entre prohibición y legalización. También es necesario discutir cómo se regula, dónde se vende, qué información recibe el usuario, qué controles existen y qué herramientas de reducción de daños acompañan el acceso.
Es precisamente en ese terreno donde el modelo de Basel está aportando una de las evidencias más interesantes del experimento suizo.

