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Un estudio asegura que la estimulación acústica puede duplicar el rendimiento del cannabis

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¿Puede el sonido mejorar el rendimiento de una planta de cannabis? Aunque la idea parezca sacada de la ciencia ficción, la bioacústica vegetal es un campo de investigación que viene creciendo desde hace más de una década y cada vez reúne más evidencia de que las plantas son capaces de percibir vibraciones mecánicas y responder a ellas.

Un nuevo estudio, realizado en Estados Unidos sobre la variedad Lemon Cherry Gelato, analizó el impacto de un protocolo de estimulación acústica desarrollado específicamente para acompañar las distintas etapas del cultivo. Los resultados fueron sorprendentes: las plantas sometidas al tratamiento produjeron un 92,4% más de flores secas, un 120,9% más de cogollos manicurados y un 76,2% más de biomasa fresca que el grupo de control.

Si bien los autores destacan que estos resultados deberán ser confirmados en nuevos ensayos, el trabajo abre una línea de investigación interesante sobre el uso del sonido como herramienta para optimizar la producción sin recurrir a modificaciones genéticas ni al incremento de insumos.

¿Qué es la bioacústica vegetal?

Durante mucho tiempo se pensó que las plantas eran organismos pasivos, incapaces de responder a estímulos complejos. Sin embargo, numerosos estudios demostraron que perciben cambios en la luz, la gravedad, el tacto, las sustancias químicas presentes en el ambiente e incluso determinadas vibraciones.

Cuando una hoja vibra por acción del viento, la lluvia o el ataque de un insecto, las células vegetales detectan esas deformaciones mediante proteínas sensibles a la presión. Esa información desencadena una cascada de respuestas fisiológicas que puede modificar el crecimiento, la absorción de nutrientes o la producción de metabolitos secundarios.

Sobre esa base surgieron distintas tecnologías que utilizan sonidos o vibraciones para estimular el desarrollo de los cultivos. Hasta ahora, la mayoría de los trabajos se había concentrado en aplicar frecuencias determinadas durante todo el ciclo de cultivo, obteniendo incrementos de rendimiento de entre un 15% y un 30% en distintas especies agrícolas.

Un protocolo que cambia según la etapa del cultivo

La principal diferencia del sistema evaluado en este estudio es que no utiliza una única frecuencia constante.

El protocolo, denominado Bioacoustic Cultivation and Communication Protocol (BCCP), propone una secuencia de señales acústicas diferentes para cada fase del desarrollo de la planta, desde el enraizamiento de los esquejes hasta la cosecha.

Los detalles del sistema son confidenciales porque pertenecen a la empresa que desarrolló la tecnología, pero los investigadores explican que cada etapa del cultivo recibe un patrón sonoro específico, pensado para acompañar los cambios fisiológicos propios del crecimiento vegetativo, la transición a floración y la maduración.

Según los autores, la hipótesis es que las plantas responden de manera distinta dependiendo de su estado fisiológico y que un estímulo uniforme durante todo el ciclo desaprovecha parte de ese potencial.

Cómo se realizó el ensayo

Para poner a prueba la eficacia del protocolo se utilizaron 36 esquejes genéticamente idénticos obtenidos de una única planta madre de Lemon Cherry Gelato.

La mitad de las plantas recibió el tratamiento acústico y la otra mitad se cultivó exactamente en las mismas condiciones, pero sin estímulos sonoros.

Los investigadores controlaron que ambos grupos recibieran la misma iluminación LED, idéntico fotoperíodo, iguales temperaturas, humedad relativa, fertilización y riego. De esa manera, el sonido fue la única variable diferente entre ambos tratamientos.

El ciclo completo duró alrededor de 87 días, desde la propagación hasta la cosecha.

Los resultados

Las diferencias comenzaron a observarse durante las primeras semanas de crecimiento.

Las plantas tratadas crecieron más rápido, desarrollaron tallos más gruesos y produjeron una mayor cantidad de ramas secundarias, generando una estructura capaz de sostener un número superior de sitios florales.

Al finalizar el ensayo, los investigadores registraron:

  • 76,2% más biomasa fresca por planta.
  • 83% más peso seco total.
  • 92,4% más flores secas aprovechables.
  • 120,9% más cogollos manicurados.
  • 90,1% más producción comercial total.

Además de producir más flores, cada sitio floral desarrolló cogollos de mayor tamaño y densidad. Según los datos del trabajo, el peso promedio de cada cogollo aumentó más de un 50%, lo que indica que el incremento del rendimiento no se debió solamente a que aparecieron más flores, sino también a que cada una acumuló mayor biomasa.

¿Cambió la potencia del cannabis?

Uno de los interrogantes más importantes era si semejante aumento en el rendimiento podía traducirse en una disminución de la calidad de las flores. En muchos cultivos existe el fenómeno conocido como «dilución de biomasa»: la planta produce más volumen, pero los cogollos son menos densos o presentan una menor concentración de compuestos activos.

En este ensayo ocurrió algo diferente.

Los análisis realizados por un laboratorio independiente mostraron que la concentración de THC prácticamente no cambió entre ambos grupos. Las flores del grupo control registraron un promedio de 25,05% de THC, mientras que las plantas tratadas con el protocolo bioacústico alcanzaron 24,90%, una diferencia considerada insignificante por los autores.

Sin embargo, como cada planta produjo muchos más cogollos, la cantidad total de THC obtenida por individuo prácticamente se duplicó. En promedio, cada planta tratada generó alrededor de 7 gramos de THC, frente a poco más de 3 gramos en el grupo de control.

En otras palabras, la potencia de las flores se mantuvo estable, pero el volumen total de cannabinoides aumentó gracias al incremento del rendimiento.

También hubo cambios en el perfil de terpenos

Los investigadores analizaron además el contenido de terpenos, las moléculas responsables del aroma y parte de los efectos característicos del cannabis.

El aumento global fue relativamente pequeño, del 4,6%, aunque algunos compuestos mostraron variaciones más marcadas.

Entre ellos se destacó el β-cariofileno, que aumentó un 22,4%. Este sesquiterpeno es especialmente interesante porque, además de aportar notas especiadas y amaderadas, es el único terpene conocido capaz de interactuar directamente con los receptores CB2 del sistema endocannabinoide.

También se observó un incremento del β-mirceno, mientras que otros terpenos importantes, como el limoneno y el linalool, prácticamente no variaron.

Para los autores, esto podría indicar que el estímulo acústico no activa indiscriminadamente toda la producción de metabolitos secundarios, sino que influye sobre determinadas rutas metabólicas específicas.

¿Cómo podría explicar la ciencia estos resultados?

Aunque todavía no existe una explicación definitiva, los investigadores proponen varias hipótesis basadas en conocimientos previos sobre fisiología vegetal.

Las plantas poseen proteínas sensibles a las deformaciones mecánicas que funcionan como sensores de vibraciones. Cuando perciben un estímulo físico, estas proteínas desencadenan señales internas mediadas por calcio, una molécula que participa en numerosos procesos de regulación del crecimiento.

Según el trabajo, una secuencia acústica adaptada a cada etapa del cultivo podría favorecer procesos como una transición más uniforme hacia la floración, una mayor producción de ramas secundarias, el desarrollo de más sitios florales, una mejor distribución de los recursos hacia los cogollos y una utilización más eficiente del agua.

De hecho, el estudio calculó que las plantas tratadas necesitaron aproximadamente un 35% menos de agua por cada gramo de flor seca producido, un dato que podría resultar especialmente interesante para sistemas de cultivo intensivo.

Sin embargo, estas explicaciones continúan siendo hipótesis. Los propios autores reconocen que todavía falta investigar qué genes, proteínas y vías metabólicas participan exactamente en la respuesta al sonido.

Un estudio prometedor, pero con limitaciones

A pesar de los resultados, los investigadores señalan que las conclusiones deben interpretarse con prudencia. El ensayo se realizó sobre 36 plantas, todas pertenecientes a un único cultivar, cultivadas en una sola instalación comercial y bajo un mismo equipo de trabajo.

Además, el protocolo evaluado pertenece a una empresa privada y varios de sus aspectos técnicos permanecen bajo confidencialidad, por lo que otros grupos de investigación todavía no pueden reproducir exactamente el tratamiento utilizado.

Como ocurre con cualquier innovación agronómica, será necesario que laboratorios y productores independientes repitan el experimento utilizando diferentes genéticas, condiciones ambientales y escalas de producción antes de confirmar que estos resultados pueden generalizarse.

Una nueva línea de investigación para la horticultura

La idea de utilizar sonido para mejorar el rendimiento de los cultivos dejó de ser una curiosidad científica hace tiempo. Existen numerosos trabajos que muestran respuestas fisiológicas frente a determinadas vibraciones, aunque los incrementos productivos observados hasta ahora habían sido bastante más modestos.

Este estudio propone que una estrategia mucho más compleja, basada en secuencias acústicas adaptadas a cada fase del desarrollo, podría generar efectos considerablemente mayores sobre el crecimiento y la producción de flores.

Si futuras investigaciones independientes confirman estos resultados, la bioacústica podría convertirse en una nueva herramienta para la agricultura de ambiente controlado, complementando la iluminación, el manejo climático, el riego y la nutrición como otro factor capaz de influir sobre el desarrollo del cultivo.

Por el momento, el trabajo constituye una evidencia inicial muy interesante, pero todavía insuficiente para afirmar que la estimulación sonora pueda duplicar el rendimiento del cannabis en cualquier condición de cultivo. Como suele ocurrir en ciencia, harán falta más estudios para determinar hasta dónde llegan realmente sus posibilidades.