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Cómo proteger el cultivo exterior de las tormentas y el granizo

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Las tormentas pueden poner en riesgo meses de trabajo en un cultivo al aire libre, por eso, proteger el cannabis de estas condiciones climáticas es fundamental. El viento, la lluvia intensa y el granizo pueden dañar las ramas, acumular agua en los cogollos y favorecer la aparición de hongos. Anticiparse al pronóstico, instalar tutores y preparar una cubierta adecuada son algunas de las medidas que ayudan a reducir los daños y cuidar las plantas durante los temporales.

Por qué las tormentas pueden dañar el cultivo de cannabis

Cultivar en exterior permite aprovechar la luz solar y el agua de lluvia, pero también implica estar expuesto a condiciones climáticas que no siempre se pueden controlar. Una precipitación ocasional no representa necesariamente un problema. Las dificultades aparecen cuando llueve con demasiada intensidad, las tormentas vienen acompañadas de fuertes ráfagas o la humedad permanece elevada durante varios días.

Uno de los principales riesgos es el aumento de peso de las ramas. Durante la floración, los cogollos crecen y pueden volverse pesados. Si además acumulan agua, la presión sobre los tallos aumenta y las ramas pueden doblarse o quebrarse, especialmente cuando sopla viento fuerte. 

Otro riesgo es que cuando los cogollos permanecen mojados durante períodos prolongados, se generan condiciones favorables para el desarrollo de hongos como la botrytis y el oídio. El exceso de agua en el suelo, por su parte, puede reducir la disponibilidad de oxígeno para las raíces.

El granizo suma otro tipo de riesgo: el impacto directo sobre las hojas, los tallos y las flores. A diferencia de una lluvia común, las piedras de hielo pueden provocar lesiones físicas en poco tiempo. Aunque no es posible eliminar por completo ese peligro, preparar el espacio de cultivo y contar con una protección adecuada permite anticiparse.

Cómo prepararse para proteger el cultivo antes de tormentas

La primera medida es consultar el pronóstico meteorológico, especialmente durante la floración y cuando las plantas están cerca de la cosecha, para poder tomar medidas con tiempo. 

Si las plantas están en macetas, una ventaja importante es que pueden trasladarse a un lugar protegido cuando las condiciones lo permitan. Un espacio bajo techo, con buena ventilación y luz suficiente, puede reducir la exposición directa al agua y al viento. Esta posibilidad es más difícil cuando el cultivo está directamente en tierra, por lo que conviene planificar cómo proteger las plantas antes de que lleguen las tormentas.

Para las plantas cultivadas en suelo, una alternativa es instalar una cubierta o un pequeño invernáculo. Un techo que reduzca el ingreso de lluvia directa puede ayudar a proteger las flores, siempre que permita una circulación de aire adecuada. La ventilación es fundamental: una estructura completamente cerrada puede retener humedad y generar un ambiente favorable para los hongos.

En zonas donde las tormentas con granizo son frecuentes, también puede contemplarse una cubierta resistente que amortigüe el impacto de las piedras de hielo. Su eficacia dependerá del material, la instalación y la intensidad del fenómeno. 

Cómo proteger al cultivo de tormentas.

Tutores: cómo evitar que se quiebren las ramas

El tutorado es una de las medidas preventivas más importantes para reducir las roturas durante las tormentas. Consiste en colocar soportes que ayuden a sostener los tallos y las ramas, especialmente cuando el peso de los cogollos aumenta durante la floración.

Se pueden utilizar cañas, ramas resistentes o palos adecuados para sostener las partes de la planta que necesitan apoyo. Lo conveniente es instalar los tutores antes de que las ramas estén demasiado rígidas o cargadas de flores. De esa manera, se pueden acomodar los soportes con menos riesgo de producir daños.

Las ataduras también requieren atención. Deben sujetar la rama sin estrangularla. Si se utilizan materiales rígidos o se ajustan demasiado, pueden provocar lesiones que debiliten la estructura.

Después de una tormenta, es importante revisar los soportes. El viento puede aflojar las ataduras, desplazar los tutores o dejar ramas que ya no cuentan con suficiente sostén. 

El tutorado no impide todos los daños, pero ayuda a mejorar la estabilidad y a disminuir el riesgo de roturas asociadas al peso de las flores y el agua acumulada.

Qué hacer durante una lluvia intensa o una granizada

Durante un temporal, la prioridad es evitar exponerse a condiciones peligrosas para intentar proteger las plantas. Si el cultivo está en macetas y existe la posibilidad de trasladarlas a un lugar seguro antes de la tormenta, conviene hacerlo con anticipación. Una vez que hay viento intenso, rayos o granizo, no es recomendable salir a manipular estructuras ni plantas.

Si el cultivo ya cuenta con una cubierta, hay que considerar que debe estar correctamente instalada para no convertirse en un riesgo frente a las ráfagas. Una estructura inestable puede volcarse o desprenderse.

Cuando termina la tormenta, es posible evaluar los daños con más seguridad. Conviene observar si hay ramas partidas, tallos doblados, hojas muy dañadas o flores que recibieron golpes. No es necesario intervenir de inmediato sobre cada parte de la planta mientras todavía está mojada: primero hay que permitir que las condiciones mejoren y evitar manipulaciones innecesarias.

Qué hacer después de varios días de lluvia

Cuando las precipitaciones se prolongan, el problema no termina al dejar de llover. La humedad acumulada puede persistir entre las hojas y dentro de los cogollos, sobre todo cuando hay poca circulación de aire. Por eso, después de varios días lluviosos, es importante revisar el cultivo y facilitar el secado natural de las plantas.

Si las macetas pueden trasladarse, ubicarlas en un lugar protegido y bien ventilado ayuda a reducir el tiempo durante el cual permanecen mojadas. En las plantas que están directamente en tierra, la circulación de aire y la posibilidad de recibir sol cuando mejoren las condiciones son factores importantes.

También hay que prestar atención al sustrato. Si la lluvia lo mantiene saturado, no conviene continuar regando como si el clima hubiera permanecido seco. Antes de aportar más agua, es necesario comprobar si el medio de cultivo todavía conserva humedad. Un exceso de agua puede perjudicar la oxigenación de las raíces.

En las plantas cultivadas en macetas, además, es importante comprobar que los orificios de drenaje no estén obstruidos.

Proteger el cultivo de tormentas: cómo detectar hongos 

La inspección de las flores es fundamental cuando el cultivo atravesó lluvias o períodos prolongados de humedad. Uno de los problemas que conviene vigilar es la botrytis, un hongo que puede desarrollarse en el interior de los cogollos y avanzar sin que sus primeros signos sean evidentes desde afuera.

La presencia de tejidos deteriorados o de una película blanquecina o grisácea puede indicar una infección. También conviene observar las hojas en busca de signos de oídio y prestar atención al marchitamiento progresivo de la planta, que puede estar asociado a problemas sanitarios, entre ellos los vinculados con especies de Fusarium.

Si se detectan flores infectadas, es importante retirarlas y descartarlas, evitando que entren en contacto con el resto del cultivo. Cuando una planta presenta signos compatibles con una infección que puede extenderse, conviene separarla de las demás y evaluar su estado. No es recomendable conservar material con moho para consumirlo.

La revisión debe repetirse después del temporal, porque los daños y las infecciones pueden hacerse visibles de manera progresiva. La ventilación, el control de la humedad y la detección temprana son medidas centrales para reducir el riesgo de perder parte de la cosecha.

¿Conviene cosechar antes de una tormenta?

La decisión depende del estado de maduración de las flores y del pronóstico. Si las plantas están cerca de la cosecha y se anuncia un período prolongado de lluvias y humedad elevada, conviene evaluar las condiciones antes de que llegue el temporal.

La humedad persistente puede complicar tanto la sanidad de los cogollos como el secado posterior. Por eso, consultar el pronóstico extendido ayuda a decidir si es conveniente esperar a que mejoren las condiciones o anticipar la cosecha cuando las flores ya alcanzaron un punto adecuado de maduración.

No se trata de cosechar automáticamente ante cualquier anuncio de lluvia. Las precipitaciones ocasionales pueden ser beneficiosas y adelantar el corte sin considerar el estado de la planta también puede ser contraproducente. Lo importante es evaluar conjuntamente la maduración, la duración prevista del mal tiempo y el riesgo de que las flores permanezcan húmedas.

Prevenir es parte del cuidado del cultivo exterior

Las tormentas y el granizo no se pueden controlar, pero sí es posible proteger al cultivo de sus consecuencias. Consultar el pronóstico, instalar tutores con anticipación, preparar una cubierta ventilada y revisar las plantas después de las precipitaciones son medidas que ayudan a proteger el cultivo.