En cannabis, saber si una planta es macho o hembra suele parecer una cuestión definida desde el principio. Sin embargo, la biología de la especie es bastante más compleja. Aunque la planta tiene un sistema genético XX/XY que participa en la determinación del sexo, la identidad sexual de las flores puede mostrar cierto grado de plasticidad.
Una nueva revisión científica analiza justamente esa capacidad de las plantas para modificar su expresión sexual frente a las condiciones ambientales y pone el foco en una pregunta que también interesa al cultivo de cannabis: ¿puede la temperatura influir en el sexo que expresa una planta?
La respuesta, por ahora, es más compleja de lo que podría sugerir un simple “sí” o “no”.
El trabajo, publicado en Frontiers in Plant Science, revisa investigaciones sobre pepino, melón y otras especies en las que la temperatura puede modificar la proporción de flores masculinas y femeninas. También analiza la evidencia disponible en cannabis y encuentra algo interesante: en esta especie existe una reconocida plasticidad sexual relacionada con las hormonas, pero todavía no se demostró que sea la temperatura la que desencadena directamente esos cambios.
El sexo de una planta no siempre es tan rígido
En las plantas, el sexo puede funcionar de maneras muy diferentes.
Hay especies en las que cada individuo produce flores masculinas y femeninas, otras en las que existen plantas separadas de cada sexo y otras que pueden producir flores con características de ambos.
Incluso cuando existe una base genética relativamente definida, la expresión sexual puede estar influenciada por el ambiente. Temperatura, luz, disponibilidad de nutrientes y agua y, especialmente, hormonas vegetales pueden intervenir en distintos momentos del desarrollo.
La revisión llama a este fenómeno plasticidad sexual: la capacidad de un mismo genotipo de producir diferentes características sexuales dependiendo de las condiciones en las que se desarrolla.
Eso no significa que una planta pueda “cambiar de sexo” de manera sencilla ante cualquier modificación ambiental. El proceso depende de la especie, del momento del desarrollo, del genotipo y de las señales que recibe la planta.
Y ahí es donde cannabis se vuelve especialmente interesante.
Cannabis tiene un sistema XX/XY, pero las flores son más flexibles
En Cannabis, el sexo genético está asociado a un sistema XX/XY. En términos generales, las plantas XX se desarrollan como hembras y las XY como machos. Pero esa determinación genética no significa que el desarrollo de las flores sea completamente rígido.
Distintos trabajos mostraron que es posible modificar la expresión sexual de cannabis mediante la manipulación de rutas hormonales, particularmente las relacionadas con el etileno.
La revisión señala que intervenir sobre la producción o la señalización del etileno puede inducir cambios en la expresión sexual de las flores tanto en plantas genéticamente masculinas como femeninas. También se identificaron redes de genes que responden al etileno y que están relacionadas con esta plasticidad.
Es decir, una planta puede tener una determinada identidad genética y, aun así, mostrar cierta flexibilidad en la manera en que desarrolla sus flores. Esto ayuda a entender por qué la expresión sexual del cannabis no puede explicarse únicamente mirando los cromosomas.
¿Y qué tiene que ver el calor?
Acá aparece la parte más interesante.
La temperatura puede modificar la reproducción de muchas plantas. En algunas especies, el calor afecta la fertilidad del polen, el desarrollo de los órganos reproductivos o la formación de frutos.
Pero la revisión señala que existe otro fenómeno diferente: la temperatura puede actuar antes de que el sexo de una flor quede completamente definido, modificando la proporción de flores masculinas y femeninas.
Esto está bastante bien documentado en algunas cucurbitáceas, como el pepino y el melón.
En estas plantas existe una etapa temprana del desarrollo floral en la que los tejidos tienen potencial para seguir diferentes caminos. Las señales ambientales y hormonales pueden inclinar ese desarrollo hacia una flor masculina o femenina.
El etileno tiene un papel central en este proceso. Por eso, cuando cambia la temperatura durante determinadas ventanas del desarrollo, puede cambiar también la expresión sexual de las flores.
Pero en cannabis todavía falta una pieza
Que la temperatura pueda influir sobre el sexo de algunas plantas no significa que ocurra lo mismo en cannabis. Y este es uno de los puntos que la revisión deja especialmente claro.
En Cannabis ya existe evidencia de plasticidad sexual inducida hormonalmente, pero todavía no hay evidencia directa suficiente para afirmar que un cambio de temperatura sea el responsable de iniciar ese proceso.
Por eso, los autores clasifican a cannabis en un nivel intermedio de evidencia: se conoce el mecanismo hormonal asociado a la plasticidad sexual, pero falta demostrar el recorrido completo que iría desde una señal térmica hasta el cambio en la expresión sexual de las flores.
Dicho de otra manera: sabemos que el cannabis puede ser sexualmente plástico y sabemos que el etileno participa en ese fenómeno. Lo que todavía no sabemos es si el calor puede accionar directamente ese mecanismo.
El etileno aparece como una pieza clave
El etileno es una hormona vegetal que participa en numerosos procesos: maduración, crecimiento, respuesta al estrés y desarrollo reproductivo, entre otros.
En cannabis, investigaciones recientes encontraron que las respuestas al etileno difieren entre plantas masculinas y femeninas y que esas diferencias están relacionadas con la plasticidad sexual.
La revisión incorpora un trabajo publicado en 2026 que encontró respuestas específicas al etileno asociadas con el sexo de las plantas y con cambios en la expresión sexual de las flores. Esto abre una posibilidad interesante para entender fenómenos que los cultivadores conocen desde hace tiempo, pero que no siempre tienen una explicación sencilla.
La expresión sexual de una planta no depende solamente de “ser macho” o “ser hembra”. También existe una red de señales genéticas, hormonales y ambientales que participa en cómo se desarrollan sus flores.
No todo cambio provocado por el ambiente es una ventaja
La revisión también hace una advertencia importante.
Que una planta modifique su expresión sexual frente a una condición ambiental no significa necesariamente que esté adaptándose de manera beneficiosa.
La plasticidad puede ser una ventaja cuando ayuda a una planta a reproducirse mejor bajo determinadas condiciones. Pero también puede ser simplemente una respuesta al estrés o una alteración del desarrollo.
En cultivos agrícolas esto puede tener consecuencias importantes.
Si una condición ambiental reduce la producción de flores femeninas, por ejemplo, puede disminuir la fructificación y el rendimiento. En otras especies, una alteración de la proporción entre flores masculinas y femeninas puede afectar directamente la producción.
En cannabis, donde las flores femeninas son precisamente la parte de mayor interés para la producción de cannabinoides, entender qué factores pueden modificar la estabilidad sexual tiene una importancia particular.
¿Puede el calor provocar plantas macho o hermafroditas?
Acá conviene separar las cosas.
La revisión no demuestra que una ola de calor convierta una planta hembra de cannabis en macho. Tampoco establece una temperatura a partir de la cual una planta cambie de sexo. Y mucho menos permite afirmar que cualquier planta sometida a altas temperaturas vaya a producir flores masculinas.
Lo que sí muestra es que el desarrollo sexual de las plantas puede ser plástico y que, en cannabis, existen mecanismos hormonales capaces de modificar la expresión sexual. La conexión directa entre temperatura y esos mecanismos todavía necesita ser estudiada.
Esto es especialmente importante porque en internet suelen mezclarse fenómenos diferentes: estrés térmico, expresión de flores masculinas, hermafroditismo y reversión sexual. No necesariamente son la misma cosa ni responden al mismo mecanismo.
Una pregunta que queda abierta
Los investigadores plantean que uno de los grandes problemas de este campo es que muchos estudios utilizan temperaturas constantes y extremas, mientras que las plantas en la naturaleza y en los cultivos enfrentan situaciones mucho más variables.
Una planta puede atravesar una ola de calor durante algunos días, tener noches particularmente cálidas, sufrir cambios bruscos entre el día y la noche o enfrentar simultáneamente falta de agua y altas temperaturas. Comprender qué ocurre en esas condiciones reales será clave.
En cannabis, además, será necesario estudiar distintas variedades y momentos del desarrollo para determinar si existen genotipos más estables frente a las alteraciones ambientales.
La revisión propone avanzar hacia experimentos que combinen genética, hormonas, epigenética y análisis de expresión génica, además de condiciones térmicas más parecidas a las que realmente enfrentan las plantas.
Por ahora, la ciencia permite afirmar algo más interesante que un simple “el calor cambia el sexo”: el sexo de las flores es el resultado de una interacción entre genética, hormonas y ambiente, y cannabis tiene una capacidad demostrada de modificar su expresión sexual.
La gran pregunta que queda abierta es si la temperatura puede entrar directamente en ese circuito.
Si futuros estudios consiguen demostrarlo, podría ayudar a entender mejor cómo responde el cannabis al estrés térmico y, también, por qué algunas plantas mantienen una expresión sexual estable mientras otras muestran mayor plasticidad.
Y en un contexto de temperaturas cada vez más extremas, entender esa diferencia puede ser importante tanto para la investigación como para el cultivo.

