Los cannabinoides podrían tener un papel en la salud de los huesos. Esa es una de las conclusiones de una revisión que analizó las investigaciones recientes sobre los llamados fitocannabinoides y su relación con el metabolismo óseo. Entre todos esos estudios, el CBD es, por lejos, el compuesto más estudiado.
Los resultados son interesantes: experimentos en células y animales sugieren que el CBD puede favorecer la actividad de los osteoblastos, las células encargadas de formar tejido óseo, y al mismo tiempo reducir la actividad de los osteoclastos, responsables de la reabsorción del hueso. También existen estudios que encontraron efectos sobre la recuperación de fracturas y el dolor asociado.
Pero cuando la investigación llega a las personas, la historia cambia. La evidencia clínica todavía es muy limitada y no está demostrado que los cannabinoides puedan aumentar la densidad mineral ósea, mejorar la resistencia del hueso o tratar la osteoporosis.
El hueso también tiene un sistema endocannabinoide
Para entender por qué los cannabinoides pueden afectar al tejido óseo hay que mirar al sistema endocannabinoide.
Este sistema está formado por cannabinoides producidos naturalmente por el organismo, receptores y enzimas que participan en su producción y degradación. Entre sus componentes se encuentran los endocannabinoides anandamida (AEA) y 2-AG, además de los receptores CB1 y CB2.
Y no se trata de un sistema exclusivo del cerebro. Los receptores cannabinoides también participan en la regulación del metabolismo de los huesos.
Los experimentos realizados con animales modificados genéticamente mostraron que CB1 y CB2 pueden tener funciones diferentes. CB1 está relacionado con la actividad de los osteoclastos y también participa en la diferenciación de células de la médula ósea. CB2, en cambio, parece tener un papel protector: puede favorecer la actividad de los osteoblastos y reducir la reabsorción ósea.
Los fitocannabinoides provenientes del cannabis pueden interactuar con este sistema, aunque no todos lo hacen de la misma manera.
CBD y THC no hacen lo mismo
Aunque CBD y THC suelen aparecer juntos cuando se habla de cannabis, sus acciones sobre el sistema endocannabinoide son diferentes.
El THC actúa como agonista parcial de los receptores CB1 y CB2. El CBD, por su parte, tiene una afinidad mucho menor por estos receptores y puede actuar como modulador alostérico. Es decir, no simplemente “enciende” o “apaga” los mismos receptores que el THC, sino que puede modificar la manera en que funcionan.
Esta diferencia puede ayudar a explicar por qué los resultados obtenidos con CBD y THC no son necesariamente intercambiables.
La revisión también recuerda que en la planta existen más de 100 fitocannabinoides, aunque la mayor parte de la investigación sobre huesos se concentró en CBD y, en menor medida, THC y algunos cannabinoides minoritarios como CBG y CBC.
El CBD estimula a las células que forman hueso
Una de las líneas más interesantes de investigación estudia qué ocurre directamente con las células óseas.
En experimentos in vitro, el CBD favoreció la diferenciación de osteoblastos y aumentó la expresión de algunos marcadores relacionados con la formación de tejido óseo. También se observaron efectos sobre células madre mesenquimales, que pueden convertirse en distintos tipos de células del tejido óseo.
En células humanas, además, el CBD aumentó procesos asociados con la diferenciación osteogénica y la mineralización. Algunos de estos efectos parecen depender de vías de señalización como AKT/β-catenina, involucradas en la formación y funcionamiento de las células óseas.
Esto no significa que consumir CBD haga que los huesos “crezcan” o se vuelvan automáticamente más fuertes. Los experimentos celulares permiten identificar mecanismos posibles, pero no pueden por sí solos demostrar un beneficio clínico.
¿Y qué pasa con la osteoporosis?
La osteoporosis se caracteriza por una disminución de la resistencia del hueso y un aumento del riesgo de fracturas. Por eso, una de las preguntas centrales es si los cannabinoides pueden modificar la pérdida de masa ósea.
Los resultados en animales son prometedores, pero contradictorios.
En ratones a los que se les había inducido una pérdida de masa ósea, el CBD logró recuperar parte de la densidad mineral y mejorar características del tejido trabecular. En ratas también se observaron mejoras en determinados parámetros de la estructura y resistencia ósea.
Sin embargo, otro estudio realizado en ratas adultas con el esqueleto ya maduro no encontró que un tratamiento prolongado con CBD pudiera revertir la pérdida de hueso trabecular ni reducir determinados marcadores de reabsorción.
La diferencia es importante. El efecto del CBD podría depender de cuándo se administra, la edad del organismo, la vía de administración y otros factores biológicos. La propia revisión señala que todavía no está claro cuál sería el momento o las condiciones adecuadas para obtener un eventual beneficio.
Cannabinoides y recuperación de fracturas
Otra posibilidad estudiada es utilizar cannabinoides durante la recuperación de una fractura.
Varios experimentos en roedores encontraron que el CBD puede favorecer algunos procesos relacionados con la reparación del hueso. En un modelo de fractura de fémur, por ejemplo, el CBD mejoró determinados parámetros de recuperación cuando el tratamiento había comenzado antes de la lesión. En otro modelo, aumentó marcadores asociados con la formación de tejido óseo y mejoró características mecánicas del hueso.
También existen investigaciones sobre cannabinoides y dolor.
Un estudio en ratones comparó CBD, CBG y CBC durante la recuperación de una fractura. CBD y CBG redujeron el dolor y mejoraron determinados indicadores de volumen, densidad y resistencia del hueso, mientras que el CBC también tuvo efectos analgésicos pero, en ese modelo, perjudicó la reparación ósea.
El resultado sirve además para mostrar por qué no alcanza con hablar de “cannabinoides” como si todos tuvieran el mismo efecto.
Los cannabinoides también pueden actuar sobre la inflamación
La relación entre cannabis y huesos no pasa únicamente por las células que construyen o destruyen tejido óseo.
En distintos modelos experimentales, el CBD redujo procesos inflamatorios y modificó vías moleculares involucradas en la actividad de los osteoclastos. En modelos de periodontitis, por ejemplo, redujo la pérdida del hueso que rodea los dientes y disminuyó marcadores de inflamación.
La inflamación es relevante para la salud ósea porque puede alterar el equilibrio entre formación y reabsorción del tejido.
Aun así, estos resultados provienen principalmente de modelos animales y experimentos celulares. No permiten concluir que el CBD tenga el mismo efecto en personas con enfermedades inflamatorias o pérdida de masa ósea.
¿Qué sabemos en humanos?
Acá aparece el principal límite de la evidencia.
Los estudios clínicos sobre cannabinoides y huesos son todavía muy pocos. Una encuesta nacional estadounidense no encontró una asociación entre consumo de cannabis y densidad mineral ósea en personas de entre 20 y 59 años. Otro estudio tampoco encontró cambios en el contenido mineral del hueso después de seis semanas de suplementación con extracto de cáñamo.
En cambio, un estudio transversal realizado en Reino Unido encontró que consumidores intensivos de cannabis tenían menor densidad mineral ósea en cadera y columna, además de más fracturas y mayores marcadores de recambio óseo que los controles que fumaban cigarrillos. Este tipo de estudio, sin embargo, no permite establecer que el cannabis haya causado esas diferencias.
También hubo resultados positivos.
En un pequeño estudio de caso realizado con dos mujeres posmenopáusicas con osteopenia, el CBD no produjo cambios en sueño, depresión, ansiedad o calidad de vida, pero sí redujo distintos marcadores sanguíneos de recambio óseo.
Y un estudio clínico posterior administró productos de cannabis medicinal a 83 adultos sanos, 38 hombres y 45 mujeres, durante siete días. Ambos productos redujeron los niveles de CTX, un marcador de reabsorción ósea, aunque no modificaron los marcadores de formación del hueso.
El problema es que se trató de personas sanas. Por lo tanto, todavía se desconoce si esos cambios en los marcadores se traducen en huesos más fuertes o menos fracturas en personas con osteoporosis.
Una posibilidad interesante, pero todavía en investigación
La revisión deja un panorama bastante claro. El CBD es el fitocannabinoide que concentra la mayor cantidad de investigaciones sobre salud ósea y existen resultados experimentales que sugieren que puede influir tanto en la formación como en la reabsorción del tejido.
En animales, además, aparecen señales de posibles beneficios para la calidad ósea, la recuperación de fracturas y el dolor. Pero también existen estudios con resultados negativos y diferencias importantes según la edad, el momento del tratamiento y la forma de administración.
En humanos, por ahora, la evidencia se limita a estudios pequeños o realizados en personas sanas. No está demostrado que el CBD, el THC o el cannabis puedan prevenir o tratar la osteoporosis, ni que mejoren la densidad mineral o la resistencia de los huesos.
Por eso, más que hablar de una nueva terapia para los huesos, lo que existe hoy es una línea de investigación en expansión. El sistema endocannabinoide parece formar parte de la regulación del tejido óseo y los cannabinoides pueden modificar algunos de esos procesos. La pregunta que queda abierta es si esos mecanismos pueden convertirse en beneficios clínicamente relevantes.
Y para responderla todavía hacen falta estudios mucho más grandes y prolongados en personas.

