Misiones busca incorporar el cáñamo industrial a su matriz productiva a través de un programa conjunto con Mendoza que apunta a desarrollar toda la cadena de valor: desde la adaptación de genéticas y la producción de semillas hasta la transformación del cultivo en alimentos, fibras, biomateriales y otros productos industriales.
El acuerdo entre ambas provincias fue firmado en marzo y posteriormente ratificado por Misiones mediante el Decreto 922. El convenio establece un marco de cooperación científica, técnica y productiva para investigar, cultivar, industrializar y aprovechar el cáñamo y sus derivados.
La iniciativa parte de una premisa concreta: que el cultivo no quede limitado a la producción de materia prima, sino que pueda integrarse a diferentes industrias y generar nuevas alternativas para productores y empresas.
Del cultivo a la cadena de valor
Uno de los primeros desafíos será determinar qué materiales genéticos pueden adaptarse mejor a las condiciones de Misiones. El programa contempla estudiar cultivos, validar genéticas y desarrollar semillas y material vegetal con trazabilidad.
Uno de los proyectos que se analiza es que Misiones produzca el grano y pueda enviarlo a Mendoza para su procesamiento en aceiteras y silos.
A partir de allí, el objetivo es avanzar sobre la industrialización. Las semillas de cáñamo pueden destinarse a la producción de alimentos, aceite, harina y proteína, mientras que los tallos y fibras tienen aplicaciones potenciales en textiles, papel, materiales para la construcción y otros desarrollos industriales.
La articulación con Mendoza apunta justamente a complementar capacidades. Mientras Misiones cuenta con experiencia en producción agrícola, biodiversidad, genética y biotecnología, Mendoza ya desarrolló herramientas regulatorias provinciales para cannabis medicinal y cáñamo industrial y dispone de infraestructura para la transformación de granos.
Uno de los proyectos que se analiza es que Misiones produzca el grano y pueda enviarlo a Mendoza para su procesamiento en aceiteras y silos. También se estudian alternativas para aprovechar el resto del material vegetal mediante tecnologías capaces de producir biomateriales para la construcción.
Una oportunidad para diversificar las economías regionales
El programa interprovincial también plantea incorporar a pequeños productores, universidades y empresas. La idea es evaluar costos y rendimientos, formar recursos humanos especializados y generar las condiciones para que el cultivo pueda convertirse en una alternativa productiva.
En Misiones, además, se analiza una aplicación vinculada con una de las principales actividades económicas de la provincia: la posibilidad de producir biomasa para incorporar cáñamo a productos derivados de la yerba mate.
El proyecto no apunta únicamente a sumar una nueva especie agrícola. La discusión pasa por definir qué actividades pueden desarrollarse alrededor del cultivo y dónde queda el valor generado en cada etapa de la cadena.
En ese sentido, el programa plantea una estrategia que combina investigación, producción e industrialización, con la participación de organismos públicos, universidades y empresas.
El marco regulatorio
El desarrollo de esta cadena se produce mientras el régimen nacional para la industria del cannabis y el cáñamo atraviesa una etapa de ampliación y ordenamiento, no sin tensiones.
La Ley 27.669 estableció el marco regulatorio nacional y creó la ARICCAME como organismo encargado de regular y otorgar licencias para las distintas actividades de la cadena.
Sin embargo, la agencia se encuentra intervenida por decreto presidencial desde 2024 y el interventor Ignacio Ferrari acaba de ser ratificado en su cargo por un año más.
Durante la intervención, criticada por sectores de la industria, la agencia avanzó con nuevos regímenes para distintos segmentos, mientras continúa vigente el esquema específico para cáñamo industrial destinado a la producción de semilla, grano y fibra.
En Misiones ya se analiza la posibilidad de producir biomasa para incorporar cáñamo a productos derivados de la yerba mate.
La situación es relevante para proyectos como el de Misiones porque la producción agrícola es solamente uno de los eslabones. Para que exista una industria, el cultivo debe poder vincularse con la producción de semillas, el procesamiento, la transformación y la comercialización de productos.
Mendoza ya cuenta además con un Registro Provincial del Cannabis y Cáñamo Industrial creado por la Ley 9.617, con competencias sobre la actividad dentro de la provincia. La cooperación entre ambas jurisdicciones busca aprovechar esas experiencias y generar herramientas que puedan servir para el desarrollo de políticas públicas más amplias.
Una cadena todavía en construcción
Investigadores del Instituto de Materiales de Misiones vienen estudiando desde hace años la utilización de fibras vegetales para reemplazar parcialmente materiales plásticos, una línea de trabajo que encontró en el cáñamo una nueva materia prima potencial.
Ahora, el desafío es pasar de proyectos aislados a una cadena productiva articulada.
Para eso todavía deberán resolverse cuestiones centrales: qué variedades funcionan mejor en la región, cuáles son los costos reales del cultivo, qué escala productiva resulta viable, dónde se realizará la transformación industrial y qué mercados pueden absorber los productos.
El convenio entre Misiones y Mendoza constituye, en ese sentido, un primer intento de organizar esos eslabones en conjunto.
Según las autoridades, la apuesta es que el cáñamo no sea solamente un cultivo nuevo, sino una plataforma para desarrollar producción, investigación e industria en las economías regionales.

