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Nuevo estudio confirma el valor nutricional de las semillas de cáñamo y explica por qué distintos análisis pueden dar resultados diferentes

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Las semillas de cáñamo vienen ganando protagonismo en la alimentación por su aporte de proteínas, fibra, vitaminas y, sobre todo, por su perfil de ácidos grasos. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista científica Molecules demuestra que existe un aspecto poco conocido que puede influir en la manera en que se interpretan sus propiedades: el método utilizado para analizar el aceite puede modificar los resultados obtenidos.

La investigación, realizada por científicos de la Universidad de Ciencias de la Vida «King Mihai I» de Timisoara, en Rumania, comparó distintos procedimientos de extracción y análisis del aceite presente en semillas de variedades industriales de Cáñamo. El trabajo no solo volvió a confirmar el excelente valor nutricional del cáñamo, sino que también puso en evidencia la necesidad de estandarizar los métodos de laboratorio para que los estudios puedan compararse entre sí.

Semillas de cáñamo: un alimento con un perfil lipídico destacado

El principal hallazgo del estudio confirma algo que distintas investigaciones vienen señalando desde hace años: las semillas de cáñamo contienen una elevada proporción de grasas insaturadas, especialmente ácidos grasos poliinsaturados.

Entre ellos predominan el ácido linoleico (omega 6) y el ácido alfa-linolénico (omega 3), dos nutrientes considerados esenciales porque el organismo humano no puede producirlos por sí mismo y deben incorporarse mediante la alimentación. Además, la relación entre ambos se mantuvo cercana a 3:1, un equilibrio considerado favorable desde el punto de vista nutricional.

Los investigadores también calcularon distintos índices utilizados para evaluar la calidad de las grasas presentes en un alimento. Los resultados mostraron bajos índices aterogénicos y trombogénicos (relacionados con el riesgo cardiovascular) junto con elevados valores de otros indicadores asociados a un perfil lipídico saludable.

En conjunto, estos datos respaldan el interés creciente por las semillas de cáñamo como ingrediente para alimentos funcionales y suplementos nutricionales.

El problema no está en el cáñamo, sino en cómo se lo analiza

Aunque los beneficios nutricionales del cáñamo están bien documentados, el trabajo identifica un inconveniente que suele pasar inadvertido.

Los laboratorios no siempre utilizan el mismo procedimiento para extraer el aceite ni para preparar las muestras antes del análisis cromatográfico. Como consecuencia, dos investigaciones pueden informar diferencias en la composición del mismo tipo de semillas aunque el material vegetal sea prácticamente idéntico.

Hasta ahora, la mayoría de los estudios había evaluado por separado los distintos métodos de extracción o los procesos químicos necesarios para analizar los ácidos grasos. En cambio, este trabajo estudió cómo interactúan ambos factores y cuánto pueden influir sobre los resultados finales.

Según los autores, esta variabilidad metodológica representa uno de los principales obstáculos para comparar investigaciones desarrolladas por distintos grupos científicos.

Dos métodos, resultados diferentes

Para comprobarlo, el equipo analizó seis variedades rumanas de cáñamo industrial utilizando dos técnicas de extracción diferentes.

La primera fue la extracción tradicional mediante Soxhlet, considerada desde hace décadas un método de referencia en laboratorios.

La segunda consistió en una extracción asistida por microondas, una tecnología más moderna que reduce considerablemente el tiempo de procesamiento y el consumo de solventes.

Posteriormente, el aceite obtenido fue sometido a distintos procesos de derivatización, una etapa necesaria para convertir los ácidos grasos en compuestos adecuados para su análisis mediante cromatografía gaseosa.

El objetivo era determinar cuánto influía cada procedimiento sobre la composición final observada.

Más aceite o un perfil más completo

Los resultados mostraron que ninguno de los métodos fue superior en todos los aspectos.

La extracción asistida por microondas permitió recuperar una mayor cantidad de aceite en menos tiempo y con un proceso más eficiente desde el punto de vista operativo. Estas características la convierten en una herramienta interesante cuando el objetivo principal es maximizar el rendimiento de extracción.

Sin embargo, cuando los investigadores analizaron el perfil completo de ácidos grasos apareció una diferencia importante.

El método Soxhlet recuperó con mayor eficacia los ácidos grasos poliinsaturados, especialmente los omega 3, por lo que ofreció una caracterización nutricional más completa del aceite.

Esto significa que la elección de una técnica u otra puede modificar el porcentaje de determinados compuestos observado en el laboratorio, aun cuando las semillas analizadas sean las mismas.

La genética también influye

Otro aspecto destacado es que no toda la variabilidad dependió del método de análisis.

Las distintas variedades de cáñamo presentaron diferencias propias en su composición lipídica, confirmando que la genética sigue siendo un factor determinante para definir el perfil de ácidos grasos.

Sin embargo, el análisis estadístico mostró que la metodología utilizada tuvo un peso tan importante que, en algunos casos, llegó a ocultar parcialmente las diferencias entre variedades.

Esto demuestra que interpretar correctamente los resultados requiere considerar tanto el origen del material vegetal como el procedimiento empleado durante el análisis.

¿Qué ocurre con la estabilidad del aceite?

El estudio también evaluó la estabilidad oxidativa de las semillas, es decir, la resistencia de sus lípidos frente al deterioro provocado por el oxígeno.

Aunque los aceites ricos en grasas poliinsaturadas suelen ser más susceptibles a la oxidación, los investigadores observaron que las semillas de cáñamo presentaban una estabilidad superior a la esperada.

La explicación parece estar en la presencia de antioxidantes naturales, como los tocoferoles y distintos compuestos fenólicos, que ayudan a proteger los lípidos durante el almacenamiento.

Este hallazgo refuerza la idea de que no basta con analizar únicamente la composición de ácidos grasos para evaluar la calidad de un aceite: también es necesario considerar el conjunto de sustancias bioactivas presentes en la semilla.

Un paso hacia análisis más confiables

Los autores concluyen que las semillas de cáñamo siguen destacándose como una excelente fuente de grasas saludables y que poseen un importante potencial para el desarrollo de alimentos funcionales y suplementos.

Al mismo tiempo, sostienen que la comunidad científica necesita avanzar hacia protocolos de análisis más estandarizados. Utilizar metodologías comparables permitirá reducir las diferencias entre estudios, mejorar la confiabilidad de los datos y facilitar el desarrollo de nuevos productos derivados del cáñamo.

Más allá de los detalles técnicos, el mensaje principal del trabajo es claro: las propiedades nutricionales de las semillas de cáñamo continúan siendo uno de sus mayores atributos. Sin embargo, para comprenderlas con precisión y comparar resultados entre investigaciones, no alcanza con estudiar el alimento. También es fundamental analizar cómo se lo estudia.