A medida que el mercado legal del cannabis continúa expandiéndose en Estados Unidos, los gobiernos enfrentan un desafío que va más allá de regular la producción y las ventas: cómo hablar sobre la planta con las nuevas generaciones.
Durante décadas, gran parte de las campañas de prevención estuvieron basadas en mensajes alarmistas o en consignas de abstinencia absoluta. Sin embargo, distintos estudios han señalado que ese enfoque suele perder eficacia cuando los jóvenes perciben que la información no coincide con su experiencia o con la realidad que observan a su alrededor.
Con esa idea en mente, la Oficina de Gestión del Cannabis del Estado de Nueva York (Office of Cannabis Management, OCM) presentó Cannabis Honestly, una campaña pública de educación destinada a brindar información clara, accesible y basada en evidencia sobre el cannabis. La iniciativa está dirigida a adolescentes, familias, docentes, entrenadores deportivos, profesionales de la salud y otras personas que cumplen un rol de referencia para los jóvenes.
Una campaña construida a partir de las preguntas de la comunidad
A diferencia de muchas campañas institucionales diseñadas exclusivamente por funcionarios o especialistas, Cannabis Honestly comenzó con una etapa de escucha.
Durante un año, la Oficina de Gestión del Cannabis desarrolló la iniciativa Listen and Learn, un proceso participativo que incluyó 23 encuentros realizados en distintas regiones del estado de Nueva York.
En esas reuniones participaron más de 450 personas, entre ellas jóvenes, madres, padres, docentes y representantes de organizaciones comunitarias. El objetivo era comprender cómo perciben el cannabis los adolescentes, cuáles son las principales dudas que tienen las familias y qué tipo de herramientas educativas consideran realmente útiles.
Como resultado de ese proceso, el organismo recopiló las opiniones de 308 jóvenes y 144 adultos de confianza, cuyos aportes sirvieron para definir el contenido de la campaña.
Jóvenes rodeados de información, pero con pocas fuentes confiables
Uno de los hallazgos más importantes fue que los adolescentes reciben constantemente información sobre cannabis, especialmente a través de redes sociales, contenidos audiovisuales y conversaciones con sus pares.
Sin embargo, muchos manifestaron dificultades para distinguir qué información está respaldada por evidencia y cuál responde a mitos, opiniones o desinformación.
Al mismo tiempo, madres, padres y cuidadores expresaron la necesidad de contar con herramientas concretas para abordar estas conversaciones dentro del hogar, mientras que docentes y organizaciones comunitarias solicitaron materiales que reflejen la nueva realidad de un estado donde el cannabis ya forma parte de un mercado regulado.
Recursos para conversar, no para imponer
La campaña está disponible en inglés y español e incluye materiales especialmente diseñados para facilitar conversaciones entre jóvenes y adultos.
Entre ellos se encuentra una herramienta interactiva denominada Cannabis Convo Starter Tool, pensada para iniciar diálogos sobre cannabis sin recurrir a discursos moralizantes, y una guía titulada How to Talk to Young People About Weed («Cómo hablar con los jóvenes sobre marihuana») que ofrece recomendaciones para responder preguntas frecuentes y acompañar a adolescentes con información actualizada.
Además, escuelas, bibliotecas, hospitales, organizaciones comunitarias y líderes religiosos pueden acceder a un kit de participación comunitaria y solicitar gratuitamente materiales impresos para distribuir en sus instituciones.
La propuesta busca que la conversación sobre cannabis deje de producirse únicamente cuando aparece un conflicto y pase a formar parte de un diálogo cotidiano basado en información confiable.
Un cambio de paradigma en la prevención
Más allá de los materiales educativos, Cannabis Honestly representa un cambio en la forma en que el Estado de Nueva York aborda la prevención del uso entre adolescentes.
Durante años, muchas campañas públicas sobre drogas se apoyaron en mensajes centrados exclusivamente en los riesgos o en la abstinencia, con escaso espacio para responder dudas concretas o reconocer que los jóvenes conviven diariamente con información, y desinformación, sobre distintas sustancias.
La nueva iniciativa parte de un enfoque diferente. En lugar de intentar imponer un discurso único, busca brindar herramientas para que las familias y los adultos de confianza puedan mantener conversaciones abiertas, honestas y respaldadas por evidencia científica.
La premisa es sencilla: si los adolescentes ya están expuestos a contenidos sobre cannabis, es preferible que también tengan acceso a fuentes confiables que les permitan comprender sus posibles riesgos, efectos y consecuencias.
Un trabajo conjunto con especialistas
La campaña fue desarrollada en colaboración con el Cannabis Education Advisory Panel, un consejo asesor integrado por especialistas en desarrollo infantil y adolescente, salud pública, educación, atención clínica y representantes de distintas agencias estatales.
El objetivo fue garantizar que los materiales no solo reflejaran la evidencia científica disponible, sino también las necesidades expresadas durante el proceso participativo realizado el año anterior.
Información accesible para distintos públicos
Los recursos desarrollados por la OCM no están dirigidos únicamente a quienes usan cannabis.
La plataforma reúne materiales adaptados para padres, madres, cuidadores, docentes, entrenadores deportivos, profesionales de la salud, organizaciones juveniles y referentes comunitarios, con el objetivo de que cada grupo encuentre herramientas acordes a su rol.
Además de las guías de conversación, el sitio ofrece videos educativos, recursos descargables, contenidos interactivos y una biblioteca digital sobre cannabis, todos disponibles en inglés y español.
La intención es que cualquier persona que deba responder preguntas sobre cannabis pueda acceder fácilmente a información actualizada sin necesidad de recurrir a fuentes dispersas o de dudosa confiabilidad.
Educación en tiempos de mercados regulados
La iniciativa también refleja una transformación más amplia que atraviesa a los estados donde el cannabis ya fue legalizado.
En una primera etapa, gran parte del esfuerzo institucional estuvo orientado a construir el marco regulatorio: establecer licencias, controlar la producción, supervisar los puntos de venta y desarrollar sistemas de fiscalización.
Una vez consolidado ese proceso, comenzaron a cobrar mayor relevancia otros desafíos, entre ellos la educación pública, la prevención del consumo problemático y la protección de menores.
En ese contexto, campañas como Cannabis Honestly buscan complementar la regulación con estrategias de comunicación que ayuden a responder una realidad inevitable: los adolescentes seguirán encontrando información sobre cannabis, pero no siempre provendrá de fuentes confiables.
Un modelo que podría inspirar a otros estados
Aunque la campaña fue diseñada específicamente para Nueva York, su metodología podría servir de referencia para otras jurisdicciones que avanzan en la regulación del cannabis.
En lugar de construir mensajes desde una oficina gubernamental, el programa comenzó escuchando durante un año a quienes convivían diariamente con el tema: jóvenes, familias, docentes y organizaciones comunitarias. Esa información permitió identificar qué preguntas seguían sin respuesta y qué recursos hacían falta para acompañar mejor a quienes deben hablar sobre cannabis con adolescentes.
Lejos de los mensajes basados exclusivamente en el miedo o la prohibición, Cannabis Honestly propone un enfoque centrado en la evidencia científica, el diálogo y la construcción de confianza.
En un escenario donde el cannabis forma parte de la vida cotidiana de millones de personas, Nueva York apuesta por una idea que cada vez gana más espacio en las políticas públicas: cuando la información circula de manera inevitable, el desafío ya no es impedir la conversación, sino asegurarse de que esa conversación esté respaldada por datos confiables y herramientas útiles para tomar decisiones informadas.

