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Seis años de cannabis legal en Canadá: un informe reveló el impacto económico y social

A seis años de la legalización del cannabis en Canadá, un nuevo informe de Deloitte, en colaboración con la Ontario Cannabis Store, muestra que la industria cannábica se consolidó como un motor clave para la economía del país. El estudio estima que entre 2018 y 2024 la actividad generó 76.500 millones de dólares en el Producto Interno Bruto (PIB) canadiense y más de 29.000 millones en ingresos fiscales para los distintos niveles de gobierno.

El documento, titulado Six Years of Legalization: The Economic and Social Impact of Canada’s Cannabis Sector, también destaca el papel de la industria en la creación de empleo, el fortalecimiento de las economías locales y la participación de comunidades indígenas en este nuevo mercado regulado.

Ventas en alza y desplazamiento del mercado ilegal

Desde 2018 las ventas legales de cannabis crecieron más de seis veces, pasando de 900 millones de dólares a 5.800 millones en 2024. El cannabis recreativo fue el gran protagonista: representa el 86,6% de todas las ventas nacionales, mientras que el cannabis medicinal mantuvo un crecimiento más estable.

Ontario lidera el mercado, con ventas por 11.000 millones en seis años, es decir, más de un tercio de las ventas totales del país. Según la encuesta canadiense de cannabis, en 2018 apenas el 21% de los usuarios compraba en canales legales; para fines de 2024 esa cifra superó el 70%.

La multiplicación de puntos de venta fue clave. En 2018 existían menos de 200 tiendas autorizadas en todo Canadá; para 2024 el número superó las 3.000. Esta red de comercios no solo diversificó el acceso a productos regulados, también redujo la presencia del mercado ilícito, mejorando la seguridad de los usuarios y usuarias.

Inversión millonaria y empleo sostenido

En los primeros años, la industria volcó recursos en infraestructura productiva: invernaderos, sistemas de riego, plantas de procesamiento y envasado. Entre 2018 y 2024, las inversiones de capital ascendieron a 42.000 millones de dólares, con un fuerte impulso inicial que luego se moderó al priorizar la rentabilidad.

El impacto laboral también es significativo. El cannabis legal sostuvo un promedio de 98.200 empleos al año en todo el país, con salarios que sumaron 43.000 millones de dólares. Ontario concentró casi un tercio de esos puestos de trabajo, con 31.900 empleos anuales en promedio.

Un ejemplo es la ciudad de Mississauga, en Ontario, fue una de las que inicialmente rechazó la apertura de tiendas privadas de cannabis. Sin embargo, en 2023 cambió de rumbo y permitió el ingreso del comercio regulado. El resultado fue inmediato: en menos de un año abrieron 40 locales, generando ventas mayoristas por más de 24 millones de dólares.

Para marzo de 2025, ya había alrededor de 60 tiendas en la ciudad y ventas acumuladas por 69 millones. Lo más importante es que las encuestas locales mostraron un giro en los hábitos de consumo: antes del cambio, solo el 62% de los usuarios compraba en el circuito legal; nueve meses después, esa cifra trepó al 80%, reduciendo drásticamente la compra en el mercado ilegal.

Más que cifras: los impactos sociales

El estudio de Deloitte también resalta beneficios más amplios del cannabis legalizado. La industria impulsa sectores como transporte, energía, finanzas y servicios profesionales, generando efectos multiplicadores en toda la economía.

Canadá se posicionó como líder global: es el mayor mercado regulado fuera de Estados Unidos y una referencia internacional en políticas públicas sobre cannabis. Con ventas por casi 6.000 millones en 2023, su experiencia es observada por países como Alemania, Francia o México, que analizan modelos de legalización.

En paralelo, la innovación tecnológica se volvió un pilar. El uso de agricultura de precisión, sensores remotos, drones y sistemas de iluminación LED permitió optimizar los cultivos, mejorar los rendimientos y elevar la calidad del producto.

Desafíos pendientes: equidad y participación indígena

El informe señala que aún existen desigualdades dentro de la industria. Un estudio de 2020 reveló que el 72% de los cargos directivos en empresas de cannabis estaban ocupados por hombres blancos, mientras que las mujeres y las minorías étnicas tenían una representación mucho menor. Aunque algunas provincias impulsaron programas de inclusión, el acceso al capital sigue siendo una barrera para los grupos históricamente excluidos.

En cuanto a los pueblos originarios, el avance es dispar. En 2024 los productores indígenas representaban apenas el 5,6% de los licenciatarios del país, concentrados sobre todo en microcultivo y viveros. En Ontario, menos del 1% de las tiendas eran de propiedad indígena.

No obstante, existen iniciativas alentadoras, como el Reef Store By The Lake, un comercio administrado por la Nación Anishinabe de Wauzhushk Onigum. Allí las ganancias se reinvierten en proyectos comunitarios, desde actividades deportivas hasta programas culturales, mostrando un modelo de desarrollo con identidad propia.

Una industria con proyección

El balance del informe de Deloitte es claro: el cannabis legal en Canadá superó las expectativas en términos económicos, fiscales y sociales. Aún restan desafíos, especialmente en materia de inclusión y equidad, pero el sector se consolidó como un actor estratégico dentro de la economía nacional.

De cara al futuro, el desafío será sostener el crecimiento, fomentar la innovación y garantizar que los beneficios lleguen a todas las comunidades, en especial aquellas que históricamente quedaron al margen de la economía formal.